Crisis en Canarias

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Vivir del crédito en un futuro de declive: comentarios a “Dos de cada tres compras se hacen con créditos al consumo”.

Posted by juanjesus en julio 30, 2007

1. El Hecho: “dos de cada tres compras se hacen con créditos al consumo”, nos informan, por lo que debemos deducir que tanto los prestamistas como los prestatarios “confían” en que ambas partes devolverán el importe, además con intereses, esto es, creciendo: por lo tanto, se entiende que en el futuro habrá más para devolver lo que hoy se adquiere. Y, lo que es más preocupante, hoy se adquiere mayoritariamente con lo que no se tiene, y se espera tener. Además, se espera tener más que hoy. Tener más significa “mover” más cosas, producir más, con más mercancías, más bienes de todo tipo, etc. Y todo ello, evidentemente, requiere más consumo de recursos naturales, porque la tan manida “desmaterialización” de la economía no es sino un tópico, hoy en día, mientras se siga manteniendo el sino del crecimiento. 2. La Tendencia: Como se comenta en la información difundida, el crédito al consumo se ha triplicado en 9 años – periodo 1998 – 2007 – de lo que deducimos que cada vez más se tiene menos en el presente – menos pagos al contado – y se vive más “de las joyas de la abuela”, como dijera el geólogo Mariano Marzo refiriéndose al uso de las reservas petrolíferas descubiertas hace décadas. Esta tendencia no es sostenible. Como sabemos, existe una “gran burbuja crediticia” que está empezando a dar muestras de inestabilidad. Este festival del crédito ha alimentado una masa monetaria circulante de grandes dimensiones, que desde hace mucho tiempo no se ajusta con la economía real. Con las tensiones de los precios energéticos y otros factores, está llegando el momento de un acercamiento a un cierto ajuste entre oferta monetaria y posibilidades reales de la economía, mediante un encarecimiento del dinero que circula y una devaluación de activos sustentados en un futuro en el que ya no se tiene tanta confianza. La “desconfianza” primero llega a los grandes operadores financieros, y especuladores, que procuran “refugiarse” en entornos más seguros, a nivel financiero; y después, demasiado tarde, llega al “consumidor”, cuya percepción de la realidad es el “festival publicitario permanente” que le induce a consumir lo que quizás nunca pueda pagar. El declive energético marcará un cenit en la confianza en el crecimiento en muchos sectores: la cierta paralización económica que se percibirá generará desempleo e impagados, listas de morosos crecientes y cierre más o menos tardío del crédito fácil. También se verá, pues, una disminución del consumo, y el incremento de las mortales “refinanciaciones”, que agudizarán aún más el problema. 3. La “ley” o “paradoja” que se cumple: estando como estamos en los años de máximo esplendor de la economía mundial, de máximo movimiento de mercancías y flujos energéticos, no es sorprendente que se genere la mayor confianza posible en el futuro. ¿Por qué no iba a crecer igual o, como poco, mantenerse esta generación de riqueza? Y si cae algo, ¿por qué no un suave declinar hacia un estado “óptimo”? Como ha dicho Marcel Coderch, el modelo económico actual no conoce los “steady – state”, el estado estacionario ideal que no se registra en la práctica: la globalización, la competencia por los recursos, inducen al crecimiento o, de forma contraria, al fracaso por eliminación del mercado por los demás. Por eso se crece. La “confianza” en el crecimiento es una regla básica de funcionamiento de multitud de unidades económicas, y tiene el carácter de “sagrado”, o eje principal de actividad. Como decimos, si no creces, eres devorado. Esta perversa lógica impulsa el consumo, intentando disponer de fondos de futuro crecimiento: pero consiste en una interpretación lineal – aunque acelerada – de los acontecimientos. Carece de conexión con los escenarios indudablemente fluctuantes de la realidad. Se confiará en el crédito futuro en la medida en que se tenga menos información sobre la realidad de los recursos naturales. Se enredará más la actividad económica en el crédito sólo cuanto más se precise para mantener un modelo de consumo – estilo de vida que integra al ciudadano en su entorno – y una actividad económica. Cuanto más endeudada esté una economía familiar, empresarial, pública, etc. menos futuro cierto tiene. 4. ¿Qué hacer? El “desendeudamiento” es una clave de acción para el futuro. Es la única vía para conectar la economía con la realidad y poder gestionar los recursos con consciencia de su limitada disponibilidad, la regla de “declive de disponibilidad” a la que están sometidos, etc. La “confianza” debe desplazarse desde el futuro incierto al futuro abarcable y accesible. Esto debería repercutir sobre una disminución urgente del consumo y una reformulación de la estructura económica hacia la existencia de intercambio de productos y servicios “sostenibles”, entendiendo esta expresión como “disponibles con certeza y sin recurrir al futuro declinante”. Texto de la noticia: Dos de cada tres compras se hacen con créditos al consumo: información tomada de El Día, y del ABCUno de cada cinco españoles admite que sólo podría adquirir un bien duradero (coche, televisión o ordenador) por esta vía. El volumen de este negocio, que ofrece préstamos personales desde 150 hasta 20.000 euros, casi se ha triplicado.EL DÍA, S/C de TenerifeDos de cada tres compras de bienes duraderos (coches, televisiones, ordenadores, viajes o estudios) se financian ya con créditos al consumo, un negocio cuyo auge en los últimos años -el volumen de dinero que maneja, con un mínimo de 150 euros y un máximo de 20.000 por préstamo, casi se ha triplicado desde 1998- ha ofrecido una gran oportunidad a las entidades financieras para compensar la desaceleración del mercado inmobiliario. Esto último se aprecia tanto en un ritmo menor en la subida del precio de la vivienda -un 5,8% interanual hasta junio, la mitad que hace un año-, como en una pequeña relajación en la contratación de hipotecas -el volumen de dinero prestado creció en mayo un 20,5%, seis puntos menos que en 2005-. Según las últimas cifras actualizadas por el Banco de España, en abril pasado el crédito al consumo crecía un 16,85%, hasta alcanzar los 94.579 millones de euros, cifra representativa del 9,6% del producto interior bruto) y que supera en más de 2.500 millones la suma registrada al cierre de 2006. No obstante, se trata del incremento más bajo desde mayo de 2005 (cuando subió un 15,6%), inferior incluso en algo más de tres puntos respecto al alza con la que empezó este año y en ocho si nos remontamos al ejercicio anterior. Algo similar ocurre con el volumen en que aumentan estos préstamos, pues si hace no mucho era frecuente que se dieran subidas mensuales superiores a los 1.000 millones, en lo que va de 2007 sólo se rebasó esa cifra en marzo. DesaceleraciónEn cualquier caso, en el sector no están preocupados por esta desaceleración, pues la interpretan más bien como un síntoma de reajuste ante la subida continuada de tipos de interés en la eurozona, del que esperan que salga reforzada la actividad crediticia ligada al consumo, que en 2007 crecería entre un 12% y un 15%. Recuerdan, asimismo, que la demanda de estos préstamos subió un 186% en 2006, tres veces más que en 2005, si bien se concedieron menos. En la actualidad, más del 17% de las compras que hacen los españoles se financian por esta vía, nivel que se acerca al 65% si el bien adquirido tiene carácter duradero, el doble que hace diez años. En otros mercados, como el latinoamericano o el asiático, estos porcentajes se superan con creces y por eso varias entidades españolas ya han dado el salto: el BBVA en EEUU y China, y el Santander en Europa del Este.  ABC: Dos de cada tres compras se financian con créditos al consumo | Dos de cada tres compras de bienes duraderos (coches, televisiones, ordenadores, viajes, estudios…) se financian ya con créditos al consumo, un negocio cuyo auge en los últimos años -el volumen de dinero que maneja, con un mínimo de 150 euros y un máximo de 20.000 por préstamo, casi se ha triplicado desde 1998- ha ofrecido una gran oportunidad a las entidades financieras para compensar la desaceleración del mercado inmobiliario. Esto último se aprecia tanto en un ritmo menor en la subida del precio de la vivienda -un 5,8% interanual hasta junio, la mitad que hace un año-, como en una pequeña relajación en la contratación de hipotecas -el volumen de dinero prestado creció en mayo un 20,5%, seis puntos menos que en 2005-.

Según las últimas cifras actualizadas por el Banco de España, en abril pasado el crédito al consumo crecía un 16,85%, hasta alcanzar los 94.579 millones de euros, cifra representativa del 9,6% del producto interior bruto) y que supera en más de 2.500 millones la suma registrada al cierre de 2006. No obstante, se trata del incremento más bajo desde mayo de 2005 (cuando subió un 15,6%), inferior incluso en algo más de tres puntos respecto al alza con la que empezó este año y en ocho si nos remontamos al ejercicio anterior. Algo similar ocurre con el volumen en que aumentan estos préstamos, pues si hace no mucho era frecuente que se dieran subidas mensuales superiores a los 1.000 millones, en lo que va de 2007 sólo se rebasó esa cifra en marzo.

En cualquier caso, en el sector no están preocupados por esta desaceleración, pues la interpretan más bien como un síntoma de reajuste ante la subida continuada de tipos de interés en la ‘zona euro’ (que obliga a dedicar más dinero al pago de las hipotecas), del que esperan que salga reforzada la actividad crediticia ligada al consumo, que en 2007 crecería entre un 12% y un 15%. Recuerdan, asimismo, que la demanda de estos préstamos subió un 186% en 2006, tres veces más que en 2005, si bien se concedieron muchos menos.

En la actualidad, más del 17% de las compras que hacen los españoles se financian por esta vía, nivel que se acerca al 65% si el bien adquirido tiene carácter duradero, el doble que hace diez años. En otros mercados, como el latinoamericano o el asiático, estos porcentajes se superan con creces y por eso varias entidades españolas ya han dado el salto hacia allí: el BBVA en Estados Unidos y China, y el Santander en Europa, mirando al Este. La clave de este negocio, donde aunque el fraude es pequeño (0,5% del saldo total) crece con fuerza el ‘pirateo informático’ de datos personales y la tasa de mora ronda el 2%, es que el deudor, más allá de su renta disponible, disponga de un empleo y no llegue a sufrir una incapacidad temporal.

Recurso necesario

Un reciente estudio elaborado por el Instituto de Estudios Económicos apunta que uno de cada cinco españoles (en concreto, el 22%) sólo podría adquirir productos bajo ese respaldo financiero. Una tercio, a su vez, admite que podría acudir a otras vías, pero sostiene que sin el crédito al consumo habría tenido que retrasar su compra. Más unanimidad existe a la hora de valorar su importancia para el sector comercial, pues nueve de cada diez consideran que sin ellos las tiendas habrían reducido sus ventas de manera sensible.

Una cuarta parte de las personas que solicitan este tipo de préstamos lo hacen para comprar un coche (27%), mientras que un 11% dedican ese dinero a lograr un ordenador y otro tanto a tener una televisión. A su vez, el 9% opta por unos muebles y el 6% prefiere viajar al extranjero. Con desaceleración o sin ella, y una vez amortizados los efectos de la nueva directiva europea que regula este negocio, bancos, cajas y otras entidades han decidido impulsarlo de manera estratégica, con el objetivo claro de hacerlo cada vez más accesible y conocido.

Entidades tan importantes como Santander, BBVA o La Caixa ya permiten contratar créditos al consumo a través de sus redes de cajeros automáticos, mientras Cetelem (de BNP Paribas) piensa instalar máquinas propias en algunos centros comerciales para el mismo fin, para el que se utilizan también las tarjetas de pago e internet. Otra vía de gran desarrollo son los llamados ‘créditos rápidos’, de profusa difusión publicitaria por distintos medios, que ofrecen casi de inmediato pequeñas cantidades (no suelen pasar de los 6.000 euros, y la media se sitúa en torno a los 3.000), sin exigir apenas garantías de pago pero con unos intereses bastante altos.  

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