Crisis en Canarias

Just another WordPress.com weblog

Ocaso del turismo rural

Posted by juanjesus en julio 31, 2007

1. El Hecho: Según información difundida, referida a la Isla de La Palma, está bajando de forma importante la ocupación del turismo rural. El Presidente de la Asociación de Turismo rural, Isla Bonita, Carlos Fernández, un pionero de este tipo de turismo en Canarias, expresó que “el turismo rural es un fenómeno que ha pasado de moda. Además, el ajuste de costes que puede resistir un producto turístico, en el que se incluyen vuelos, coche y plaza hotelera, no lo puedo asumir el turismo rural, por lo que hay una desviación de turistas desde este sector hacía otros tipos de productos que sí se pueden permitir estrategias de oferta. Un tercer factor que nos está perjudicando es que la gente está volviendo a determinados productos muy tradiciones, como apartamentos baratos en playas”. Según la Información de la Asociación Canaria de Turismo Rural, que habla, sin embargo, de importantes crecimientos en el sector – desmetidos por el destino más importante de las islas – La Palma -, en el año 2006, los turistas de Turismo Rural fueron en Canarias 45.700, apenas un 0,38% de los turistas registrados en las islas – incluyendo a la población canaria.  2. La Tendencia: Como se comenta por parte del profesional, la tendencia del turista es pretender seguir realizando esa actividad de ocio, pero gastando menos. Se corresponde con el cambio de situación económica. El turista de “turismo rural”, con un poder adquisitivo medio superior, también ha entrado en el engranaje de la deuda y el préstamo hipotecario y personal. La carestía progresiva del dinero, una manera creciente de controlar una liquidez monetaria mundial que está empezando a corresponderse cada vez menos con la riqueza real, está resintiendo las economías domésticas, creadas en los últimos años sobre una pretensión de expectativas de permanente revalorización de casi todo, pero con límites claros. El turismo es un sector muy vulnerable ante ésta y otras circunstancias. El turismo rural, segmento que requiere mayor poder adquisitivo, sufrirá aún más esta pérdida de clientes. Estamos pasando ya, si no lo hemos hecho, probablemente, los momentos de máximo desarrollo histórico en el número de usuarios de este tipo de servicios. Es previsible un declive de esta fórmula de ocio, que requiere gastos mayores que el de la reserva clásica en zonas turísticas convencionales.  3. La “ley” o “paradoja” que se cumple: El turismo rural surgió como una especie de sueño perfecto: mantenemos el medio rural, mientras creamos rentas complementarias. La realidad ha sido, excepto en contadísimas excepciones, bien otra: se han habilitado recintos con mayor o menor gusto o criterio, en zonas de medianías y se ha creado un servicio de arrendamiento de casas, que precisaba necesariamente del alquiler de un coche. Rara vez convivía este fenómeno en Canarias con nada que se pareciera a una economía de sector primario. Se trataba del tímido traslado de la actividad arrendataria de la costa a las abandonadas zonas rurales, vendidas como idílicos espacios de paz y tranquilidad donde los “inteligentes” turistas – que siempre están dispuestos a pagar más…- se adentraban en senderos y convivían con los viejos del lugar. La poética del turismo es la de las calcomanías: se deteriora rápidamente con el primer lavado. El espejismo de que un 0,38% de los turistas pudieran aportar algo más que pequeños ingresos a propietarios de casas reformadas, genera expectativas necesariamente frustradas por los hechos. Este hermanamiento buscado entre lo urbano y lo rural abandonado, que pretendía vender “productos de valor añadido”, se frustró muy pronto: a las primeras de cambio del cambio de ciclo económico, el producto se va desmoronando. Es lógico. El turista mayoritario busca básicamente comodidad, entorno de recreación frente a otros semejantes – el turismo es, básicamente, un ejercicio de vanidad y culto al cuerpo exhibido – y zonas “civilizadas”, en las que le sirvan la comida con mínimo esfuerzo físico. El producto rural tiene poca prensa: el descrédito del “campo” es la lógica que alimenta nuestro modelo de dependencia. La minoría minoritaria que usa el turismo rural también, de hecho, bebió de las mieles del crédito fácil, y ahora tiene apuros, por lo que, siguiendo las pautas de sus hermanos del turismo playero, se desplaza a zonas más llevaderas económicamente.  Atrás están quedando algunas expectativas incumplidas: algunos pensaron en un maná rural de crecientes ingresos, y la conquista de las medianías e, inclusive, se temió por su masificación. Ahora ven los pocos que en el campo quedaron, o los que hicieron esfuerzos para habilitar sus hogares de medianías, que corre peligro esa promesa del turista compensador del maltrato sufrido por el campo. El bienvenido Mr. Marshall de nuevo cuño se desvanece. Con él, “la revalorización” de lo rústico y los productos locales: ¿quién pagará por esos servicios personalizados que afanosamente se hacen localmente para el turista de presupuesto ajustado? El pecado consistió en pensar alguna vez que podían darse esas sinergias imposibles de idílicos personajes conscientes de salario abundante, y generosos, con el depauperado – en relación con el urbanita – habitante del campo.  Podemos hablar de la “paradoja” del turista atrapado en su insostenible financiación, y también del habitante rural que percibió fuentes de riqueza donde nunca las hubo, y de la imposible convivencia entre un medio – urbano – que necesita repeler al otro – el rural – para pervivir.  4. ¿Qué hacer? Carece de sentido ampiar la oferta de turismo rural. Lo que necesita una sociedad como ésta es la recuperación de la actividad primaria, con medidas de todo tipo que permitan crear actividad agrícola y ganadera, y generar independencia en el entorno rural, de la actividad urbana. No se trata tanto de “ayudar” a las personas del campo, sino de dejar de intentar reproducir esquemas urbanos – reproducción de la economía del ocio – en la zona principal de la sociedad: el lugar donde se producen los alimentos.  Texto de la noticia de el diario El Día:   El turismo rural se desploma, tras bajar un 20% el nivel de ocupaciónEl presidente de la asociación Isla Bonita, Carlos Fernández, que gestiona casi el 50% de la oferta en La Palma con 320 plazas turísticas, mostró ayer la gran preocupación del sector después de un descenso considerable de clientes en julio.V.M., S/C de La PalmaEl presidente de la asociación de turismo rural Isla Bonita, Carlos Fernández, confirmó ayer a EL DÍA la gran preocupación que existe en el sector tras sufrir una pérdida importante de clientes durante el presente mes de julio, que se cifra en un descenso del 20% en la ocupación, dato comparativo con respecto al mismo período de 2006.Carlos Fernández, que dirige la asociación que gestiona casi el 50% de la oferta de turismo rural en La Palma con 90 casas que ofrecen 320 plazas turísticas, aseguró que “estamos viviendo un mes de julio muy delicado y la situación es realmente preocupante porque la evolución del año tampoco ha sido nada satisfactoria, aunque es cierto que todavía es pronto para poder realizar una valoración exacta de cómo estará el global del verano”.Al ser cuestionado por la posibilidad de recuperar clientes en los próximos meses de la época estival, el presidente de Isla Bonita dejó claro que “en el mes de agosto todavía estamos lejos, muy lejos, de las reservas que se registraron en el mismo período del año pasado. Estamos observando que se reserva y también se cancela la plaza muy tarde, a última hora, lo que en cierto modo es también muy preocupante”.Sobre las razones que justifican la situación que vive el sector, Carlos Fernández apuntó que “el turismo rural es un fenómeno que ha pasado de moda. Además, el ajuste de costes que puede resistir un producto turístico, en el que se incluyen vuelos, coche y plaza hotelera, no lo puedo asumir el turismo rural, por lo que hay una desviación de turistas desde este sector hacía otros tipos de productos que sí se pueden permitir estrategias de oferta. Un tercer factor que nos está perjudicando es que la gente está volviendo a determinados productos muy tradiciones, como apartamentos baratos en playas”.El presidente de la principal asociación de turismo rural de La Palma advirtió además de que “también hay otras causas que nos afectan a todos, como, por ejemplo, los poderes adquisitivos se han resentido y la clase media cada vez tiene menos disponible para unas vacaciones holgadas. 700 ó 800 euros al año de encarecimiento de la hipoteca, incremento de la gasolina y otros gastos comunes, que han subido, conlleva una reducción en el número de días vacacionales”.

http://www.eldia.es/2007-07-31/palma/palma5.htm

Anuncios

Una respuesta to “Ocaso del turismo rural”

  1. Sólo espero que sea algo puntual. En Ávila la cosa no ha ido tan mal:

    Apartamentos rurales en Bohoyo, junto al Tormes y Barco de Ávila, en el corazón de Gredos, Ávila.

    http://www.rural10.es

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: