Crisis en Canarias

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Agua en Canarias: el talón de aquiles, entre el despilfarro y la fragilidad.

Posted by juanjesus en agosto 8, 2007

1. El hecho: El municipio de Santa Úrsula (Tenerife), registró recientemente cortes de agua en su suministro. Contribuyó a ese hecho el incremento del uso del líquido elemento para apagar el incendio en el Norte de la Isla. Al tiempo que disminuía el suministro, la gran ola de calor, al parecer, motivó que los vecinos propietarios de piscinas particulares la vaciaran de agua caliente, y la volvieran a llenar. El resultado de esta combinación fueron cortes de suministro de alguna importancia en varios puntos del municipio. Al tiempo, Punta Mujeres, una localidad de Lanzarote, ha sufrido cortes de agua importantes. Es una localidad que incrementa su población en el verano, y que, al parecer, ha sufrido una avería en las bombas de impulsión que suministran la zona, aunque estos incidentes no suceden este año por primera vez. Por otro lado, se ha informado que algunos depósitos de agua de la compañía suministradora, Inalsa, se encuentran en un mal estado de conservación o en desuso.

2. La Tendencia y la “paradoja” de la insatisfacción creciente por parte de un sistema complejo: El mantenimiento de las infraestructuras existentes y la prestación de sus servicios será el gran asunto de los próximos tiempos. Marcará un antes y un después en muchas relaciones socioeconómicas. No existe economía ni vida si no hay suministro constante de agua, y en Canarias el agua depende del mantenimiento de un complejo sistema de infraestructuras y de un importante suministro energético. Por otro lado, es constatable el creciente hueco entre la oferta en calidad de suministro, y la demanda, que se dispara con la proliferación del consumo doméstico, vinculado a la extensión residencial, usos suntuarios (piscinas, número de baños por vivienda, hábitos derrochadores, etc.). El modelo actual invierte en extensión del consumo, y detrae recursos de la conservación. Se prima la contratación de nuevos usuarios, en una curva exponencial de crecimiento. Por otro lado, se ha generado una percepción ilusoria de abundancia de agua entre la población, por lo que se convierte en un “derecho” inalienable tener agua, si se tiene dinero para pagarla, independientemente de la cantidad que se demande, o de la existencia de tarifas más o menos progresivas para su compra.

El modelo actual se resquebraja cotidianamente con las “puntas de consumo”, en momentos de más demanda de agua, y muestra su mayor grado de tensión. Estos momentos son de gran importancia, para entender el futuro y las tendencias que disputarán el uso de los recursos. Por un lado, la administración de un recurso escaso, como el agua, está sometido a las reglas del mercado, por lo que puede suceder, como ha ocurrido en Santa Úrsula, que al tiempo que se requiere agua para apagar un incendio, o para beber, se estén llenando piscinas de uso, evidentemente, no prioritario, o directamente censurable ante una situación de fallos de suministro. Junto a esta desrregulación actual en los criterios de reparto del agua – sometimiento a las leyes del mercado y no a las prioridades de suministro – se encuentra la obsolescencia humana de las infraestructuras dispuestas: el crecimiento registrado en los últimos años ha supuesto que se hayan destinado más recursos al acople de nuevos consumos que al aseguramiento del funcionamiento más seguro de las infraestructuras del ciclo del agua: así, sigue sin desarrollarse la red de aguas negras, y nunca ha existido la de aguas grises; el sistema de depuración y reutilización es directamente minúsculo frente al consumo existente; la inmensa red de tuberías y depósitos requieren de inversiones “poco rentables” en el corto plazo, en la lógica de atender nuevos clientes: la limitación de recursos de cualquier entidad u organismo exige elegir en ocasiones: se mantiene o se amplia cartera de clientes y usos. No es fácil atender ambas propuestas, contra lo que se cree. Se suele decir: “con esos beneficios, parece mentira que no se empleen en mejorar las infraestructuras”. Pero se olvida que la entidad en cuestión obedece a reglas de expansión y que, precisamente esa expansión, es la que satisface nuevas demandas, imprescindibles para poder seguir generando beneficios. De todos es sabido que la creación de una nueva necesidad es más beneficiosa que el mantenimiento de la misma, en la gestión de los recursos: genera más consumo de recursos y, debido a que se prima su uso más que su conservación, se prefiere emplear esfuerzos en incrementar los incrementos.

Será cada vez más difícil mantener esta paradoja: que por un lado se generen crecimientos y por otro se conserven recursos. El agua en Canarias depende, en las islas con mayor desalación, de un creciente uso de petróleo – la mayor eficiencia del proceso de desalinización no es óbice para un crecimiento importante del consumo global de energía para el proceso: se observa en las tablas de crecimiento del consumo de energía que éste es exponencial, pese a que es mucho más eficiente energéticamente el proceso hoy que hace unas décadas, cuando comenzó la desalación en Lanzarote. En otras islas, especialmente en Tenerife, depende de una explotación mayor de un recurso en declive: el agua subterránea, sometida a una presión importante.

Por otro lado, se ha marginado el concepto de almacenamiento familiar o colectivo del agua. Depende hoy más su suministro de la existencia del complejo proceso de canalización de la misma. Si falla ésta, no existe agua en el domicilio, empresa, explotación agrícola, etc. La desaparición de sitios de almacenaje, en la lógica del “just in time” aplicada al consumo del agua, hace aún más frágil el suministro, ante percances o crisis del sistema. El problema es que la “consciencia” del valor del agua depende de la percepción de los límites. Al no existir ésta, se estimula, aun de forma inconsciente, su despilfarro. Los mecanismos de mercado no son útiles para asignar costes a la gestión de un recurso no renovable, a partir de una determinada tasa de uso, en el caso de islas con agua subterránea.

Conviven en una misma realidad derroche y fallas en el suministro de agua. La tendencia indica un crecimiento de las tensiones, con fallos en las infraestructuras básicas, cuya reparación será crecientemente costosa, así como con episodios de interrupción del suministro, y bajada de la calidad de su presión, composición, etc. ¿Por qué? Los límites del crecimiento indicarán creciente incapacidad pública y privada para afrontar gastos crecientes en el mantenimiento: los costes, en épocas de crisis, se disparan. Se ha “sobreofertado” agua, y la demanda – como en el caso del sistema eléctrico – puede causar importantes fallos del sistema: son crisis de abundancia, pero que dejan translucir una crónica deficiencia y fragilidad.

3. ¿Qué hacer? Urge reiventar – recrear – el sistema de abastecimiento del agua. La complejidad debe dar paso a la simplificación; la “clientelización” a la “autorresponsabilida”, el mercado al abasto básico, etc. Debe primar el almacenaje con respecto al suministro constante, y la percepción pública de la escasez del recurso. En la medida en que se mantengan las tendencias actuales, se reducirán las posibilidades de afrontar episodios de interrupción del suministro y déficits, con posibilidades de mayor éxito. 

 DIARIO DE AVISOS: Una “mezcla de factores” ha provocado que varias zonas del municipio norteño de Santa Úrsula permanecieran ayer sin suministro de agua corriente en sus domicilios. Los sectores afectados eran dos: La Vera y Camino del Mar (junto a San Clemente), donde la avería de un flotador automático impedía el paso de agua a las conducciones, y San Patricio, una zona residencial situada al norte de la autopista TF-5 y próxima a La Quinta en la que un consumo “exagerado, fuera de lo habitual”, según Juan Acosta, primer teniente de alcalde y concejal de Bienestar Social del Ayuntamiento, pudo originar la interrupción del suministro.La escasez de agua empezó a notarse el lunes por la tarde, aunque fue ayer cuando el suministro se interrumpió casi totalmente en ambos lugares.

Las elevadas temperaturas y el incendio que ha azotado gran parte del Norte de la Isla durante los últimos días explican la situación que se ha generado en San Patricia, un núcleo que sólo recibe agua a través del mismo canal que la lleva al resto de municipios de la comarca y que, según apunta Juan Acosta, se encuentra actualmente “a tope” por las necesidades generadas por el siniestro, dado que todas las localidades afectadas por el fuego “han tenido que tirar de él”.

Al mismo tiempo, el intenso calor de las últimas fechas ha dado pie a un consumo excesivo por parte de los residentes. En concreto, la corporación local sospecha que algunos vecinos de San Patricio han destinado mucha agua a llenar sus piscinas después de que las altas temperaturas las hubieran calentado. “Posiblemente sea eso”, admite el primer teniente de alcalde, “porque esto nunca había pasado. No se han producido pérdidas por otro lado y la cantidad de agua es la misma”.

Acosta insiste en que el municipio no había experimentado anteriormente problemas similares de pérdida de suministro, por lo que considera que la situación sólo puede explicarse por la referida “mezcla de factores”.

El Ayuntamiento trabajaba ayer en la solución del problema, aunque advertía de que “no depende exclusivamente de nosotros”. En este sentido, el Consistorio trataba de contratar suministradores para adquirir agua y distribuirla entre los vecinos. “Esperamos que la situación esté resuelta en un plazo de 24 a 48 horas”, confiaba Juan Acosta.

En cuanto a las otras zonas afectadas, la Administración local esperaba que hoy pudieran ser atendidas mediante el envío de agua desde un pozo.

Un operario del Ayuntamiento se encargaba ayer de atender las demandas de los vecinos afectados por el corte y de proporcionarles información individualizada. CANARIAS 7: Los vecinos del núcleo norteño de Punta Mujeres pasaron ayer su séptimo día sin agua. Desde el viernes pasado se las ingenian para lavarse o fregar la loza con garrafas de agua dulce o sacadas de la marea, mientras lamentan las excusas que pone Inalsa.El clamor contra Inalsa comienza a ser general, no ya sólo por los siete días seguidos sin agua corriente en las casas, sino por las excusas que al parecer pone la empresa pública de aguas cada vez que un vecino llama para quejarse. A unos se les dice que es un problema de las bombas de impulsión, a otros que no hay agua en los depósitos de la empresa porque ha aumentado mucho el consumo, y a otros, que el problema está ya resuelto tras tomarse las medidas oportunas, pero lo cierto es que los vecinos siguen desde hace una semana fregando la loza con agua de la marea y duchándose con garrafas de agua mineral. Las quejas son de lo más variado; se acusa a la empresa pública de aguas de poner siempre paños calientes y de no resolver de una vez el problema, cuando todos los años por las mismas fechas se producen los mismos cortes de suministro, en los días de más calor y cuando más falta hace el agua. Muchos vienen de veraneo de Gran Canaria y afirman que la situación es «tercermundista», que esto sólo pasa en Lanzarote y que en las zonas turísticas no ocurre porque de inmediato, si hay un problema se resuelve para que no piensen mal los turistas. El problema al parecer está en que el agua no llega a los depósitos situados en la parte alta de las casas, de manera que las viviendas cuyas cubas están en las segundas plantas se quedan vacías, por falta de presión.
El problema de suministro no ha sido exclusivo estos días de Punta Mujeres, también ha habido cortes en algunos barrios de Arrecife, como Maneje o Argana y en núcleos como Tahíche, los Valles, el pueblo de Haría.
Ayer el PP solicitó a través de una moción en el Cabildo que la consejera de Inalsa informe al pleno sobre estas anomalías y carencias en el servicio. CANARIAS 7: Los cortes de agua en algunos núcleos de población de la isla han servido para que los responsables de Inalsa y el Cabildo pongan como excusa la falta de capacidad de almacenaje. Sin embargo, al menos el 50% de la capacidad de dichos depósitos (unos 60.000 metros cúbicos) están en desuso por su mal estado o deterioro.Primero fue el consejero de Juventud y Deportes del Cabildo, Manuel Cabrera (PIL), quien hace unas semanas manifestó, tras consultar con los técnicos, sus quejas por la falta de infraestructuras de almacenaje de agua que hay en la Isla. Después fue la consejera delegada de Inalsa, Plácida Guerra, también del PIL, quien en los últimos días y tras las quejas de numerosos usuarios por los cortes de suministro, acusó a su antecesor en el cargo, Mario Pérez (CC), de falta de previsión al no preveer la ampliación de los depósitos de reserva. Sin embargo, Inalsa cuenta con depósitos suficientes para almacenar agua para tres días, aunque cerca de la mitad de esta capacidad de almacenaje se encuentra en desuso, por mal estado y deterioro, por desuso o por su infrautilización. En total, la empresa pública de aguas tiene capacidad para almacenar 120.000 metros cúbicos, sin embargo, la mitad de esta infraestructura de almacenamiento lleva meses sin usarse, sin que se haya invertido dinero y medios en reparar, mejorar o adaptar dichos depósitos. A ello se añade que cerca del 10% de las pérdidas de agua que sufre la empresa son a consecuencia del desbordamiento de dichos depósitos o de furgas, ello sin contar la mala comunicación entre los mismos, que impide su correcta utilización, de forma que mietras unos se desbordan otros no se llenan. 

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