Crisis en Canarias

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Epitafio del crédito barato y crisis financiera

Posted by juanjesus en agosto 10, 2007

Numerosos analistas de mercado, pertrechados tras el Dow Jones, han adivinado, a toro pasado, como se suele decir, que el crédito fácil se ha terminado, y que, por tanto, en una economía basada en el crédito, comienza la crisis financiera. El crédito mueve nuestra economía: es la confianza en el crecimiento, en que se devolverá más de lo que se pidió, creciendo por tanto, generando más que los intereses con los que se presta ese dinero. Y esa base está ya fallando.España se ha convertido en el país del gran crédito fácil. Así, hemos generado la red de entidades bancarias más importante del mundo: somos, según el Banco de España, el país del Planeta con más oficinas que ofrecen créditos, por habitante.

 

El crédito es que el que permite abrir comercios, emprender promociones de viviendas y que alguien las adquiera, adquirir objetos de consumo y, últimamente, incluso salir de vacaciones; dos de cada tres compras de bienes duraderos, según se difundió recientemente, se debían al crédito. Como es sabido, la confianza en devolver el dinero se basa en que se siga manteniendo la aceleración (crecimiento anual del PIB) de la economía. Si no, hay recesión, se incrementan – como ya está ocurriendo – los impagados, y comienzan los problemas de solvencia, reducción del consumo, etc. Como consecuencia de ello, se entra en la era del creciente desempleo, como primer ajuste de las entidades empresariales ante los problemas de ralentización o decrecimiento en los resultados económicos. Posteriormente, si se mantiene la tendencia, quiebran o finalizan su actividad un creciente número de actividades económicas.

 

¿Cómo será de profunda la caída de la confianza? Ya es cuestión de tiempo que se dé el ajuste en la enorme liquidez monetaria que se mueve por el mundo, sin base de economía real. Ese ajuste puede desabaratar sueños de incrementar los créditos, porque su concesión ya no tendrá la generosa y ficticia base de los enormes fondos de inversión caprichosos que hoy dominan la disponibilidad de dinero para seguir creciendo. En el fondo de la cuestión se encuentra que la producción no va a satisfacer a nivel mundial la demanda: al tiempo que existe la mayor producción mundial de bienes e inmuebles de la Historia, y que su coste real nunca fue tan bajo, existen crecientes tensiones por el acaparamiento de recursos – el mercado alimentario y energético son una buena muestra de ello – que se saben escasos e insuficientes en el futuro inmediato; también se conoce que existe un peligro cierto de sobreproducción de casi todo, y que la economía real puede no absorver toda esa oferta, a un precio creciente.

 

Algunos expertos hablan de que conviviremos con episodios de hiperinflación y decrecimiento económico, lo que llama la estanflacción que es un panorama ciertamente inquietante para economías altamente endeudadas como la canaria.

 

Canarias vive del crédito fácil, los importantes subsidios para la importación y  producción de bienes y servicios, así como del bienestar crediticio del mundo, que permite subvencionar distancias, billetes y productos, aunque esta situación se podrá ir deshaciendo en los próximos años, debido al declive económico. Las economías más endeudadas, a nivel familiar como territorial, son las que más sufrirán los ajustes de la economía real. Como se ha dicho frecuentemente, “no es más rico quién más tiene sino quién menos debe”. Nuestra aparente opulencia no es sino deuda impagada, un río de vehículos y pisitos embargables que depende del continuo consumo y de que nada falle. Es un estado de gran fragilidad, que se está erosionando con sorprendente rapidez, y es lógico que así sea: uno de los grandes factores que condicionarán nuestra vida es el coste creciente de la energía y la inseguridad en su suministro. Sin confianza en que todo vaya a seguir igual – el mantenimiento de la confianza es el principal empeño de las autoridades públicas y privadas, para que no cunda el pánico -, no hay crédito que valga. La pregunta es, ¿cuándo dejará la población de tener confianza en que éste modelo se puede seguir manteniendo? ¿cómo de abrupta será la caída?

      

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