Crisis en Canarias

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Medidas de “choque” contra la crisis, que aceleran el “choque” y la crisis

Posted by juanjesus en enero 10, 2008

Comentarios a las propuestas del Gobierno de Canarias (Enero de 2008) para abordar la “desaceleración” en la economía, desde el punto de vista de los recursos naturales, y su limitación física. Los comentarios al programa se hacen en negrilla. 

ECONOMIA CANARIA.

SITUACION, PERSPECTIVAS Y OBJETIVOS FRENTE A LA DESACELERACION

Al reconocerse una “desaceleración” se reconoce como “estado natural” de la economía, el acelerarse, esto es, el ir cada vez más rápido. Esa condición no es posible mantenerla mucho tiempo y, como comenta el gran economista Georgescu Roegen, la aceleración se hace a cambio de “quitar futuro”, al usar esencialmente recursos no renovables. Al haber igualmente una relación directa entre consumo de recursos y “crecimiento” económico, la aceleración agota los recursos, y deteriora el Medio. La “desaceleración” es un proceso natural cuando se agotan los ritmos de crecimiento – que no pueden ser eternos, al haber límites físicos – y beneficia al Medio Ambiente. Al consumirse menos recursos – o a menos velocidad – hay menos emisiones, menor producción de residuos, y menor movimiento. La “desaceleración” es, paradójicamente, buena para el Medio Ambiente. Lo malo es que vivimos en un modelo socioeconómico que “necesita” acelerarse para no quebrar. Así pues, hay una incompatibilidad creciente entre “crecimiento” y “sostenibilidad”. Al final, “triunfará” el freno al crecimiento (y ese freno parece muy cercano), por motivos físicos. La economía convencional no suele tener en cuenta esos límites, por lo que difícilmente acierta a la hora de interpretar las causas de los “frenos” de la economía, ya que hasta ahora siempre había interpretado el crecimiento como “natural” obviando los límites.

 INTRODUCCION

·        La desaceleración en la tasa de crecimiento del PIB de la economía canaria en el segundo semestre de 2007 apuntan cada vez más a una situación crítica cuya tendencia es preciso contrarrestar si queremos disminuir los efectos de la misma en los niveles de bienestar de las personas.

Se reconoce por parte del Gobierno la “situación crítica” (aunque aún estamos sólo ante los preámbulos de episodios probablemente muy bruscos en el futuro: precisamente, porque el sector empresarial ve nubarrones de gran peso e medio plazo, es por lo que se han encendido las alarmas). La reacción ante la “desaceleración” es “reacelerar”, esto es, consumir más recursos y, por tanto, acercarnos más rápidamente a los límites, lo que a su vez agrava los problemas que se quieren combatir. Se relaciona “aceleración” con “bienestar” de las personas, ya que este sistema de “atrapamiento” únicamente garantiza integración social a quien entra en el engranaje de cada vez mayor rapidez. Sin embargo, como decimos, la “aceleración” agrava los problemas, por lo que las medidas que se adopten para llevarla a cabo, generará más problemas sociales y de marginación, una vez que los límites de crecimiento se alcancen (y se pretenden alcanzar rápido, porque se quiere acelerar el ritmo existente).

·        Una de las causas es la disminución del ritmo de crecimiento del consumo de las familias que cayó en 2007 por dos razones:

1.     Por la disminución en los niveles de renta disponible provocado por el fuerte endeudamiento familiar y los efectos sobre el mismo de las subidas en los tipos.

El endeudamiento familiar es fruto de una ciega confianza en el crecimiento que mantuvo el ciudadano medio canario (y casi “universal”) en los últimos años. La subida de los tipos es la tardía respuesta de un sistema que quiere moderar el crecimeinto de la enorme e histórica burbuja de dinero especulativo que a su vez creció de la confianza eterna en el crecimiento.

2.     El incremento de los precios derivado de los precios del petróleo y de otras materias primas en los mercados internacionales.

Como se reconoce ya ampliamente, estamos ante una crisis energética por falta de posibilidad de la oferta de crudo de atender la demanda, lo que implicará, de forma indefinida, subidas del precio del petróleo. A su vez, las “salidas” a esa situación están agravando las subidas de los precios de los cereales, junto a otros factores. Desde luego, las tensiones entre recursos y población se están acentuando y “acelerando”. Por lo tanto, este incremento es “estructural” y vendrá acompañado de otros tantos. ·         Otra de las razones es que las exportaciones de Canarias al exterior siguen mostrando una debilidad estructural preocupante, a pesar de los instrumentos de fomento a la exportación disponibles.·         Finalmente también influye el agotamiento que se percibe en la función de inversión debido a razones diversas entre las cuales también se encuentra la propia debilidad del consumo.Cuando en la pescadilla inversión – consumo falla lo fundamental, que no es otra cosa que la abundancia de recursos, falla todo el sistema. El problema de la interpretación convencional de este fenómeno de producción – consumo es que no tiene en cuenta que es preciso el uso de recursos naturales, y que éstos no son eternos ni sustituibles por trabajo o capital. ·         La previsión de crecimiento para 2008 es del 2,6% y no son descartables nuevas revisiones a la baja en función de cómo evolucionen los mercados financieros internacionales y sus repercusiones en la economía española en general y el el sistema crediticio en particular.El crédito funciona por la confianza en el futuro. Precisamente por falta de confianza, por falta de “fe” en ese futuro, el crecimiento se paraliza. La constantación de “límites” finalmente, hará quebrar ese mercado financiero construido sobre una fe en recursos infinitos, algo radicalmente contrario a la realidad. ·         Si no se reactiva el consumo será difícil recuperar la inversión lo que dificultará recomponer la tasa de crecimiento del PIB.La reactivación del consumo precisa de recursos, y de confianza en el crecimiento. Reactivar el consumo equivale a acelerar los problemas, debido a que llegará antes a los límites el crecimiento y acelerará el declive posterior. ·         Se dan en esta situación económica algunos hechos que la hacen singularmente seria: 1.      Los incrementos de precios no se están produciendo a consecuencia de presiones en la demanda sino que son producto de ineficacias y rigideces en los mercados internacionales, de los incrementos en los precios del petróleo y otras materias primas y, en el caso de la economía española,  a no haber acometido reformas estructurales necesarias durante la fase alcista del ciclo económico.Este análisis no se sostiene con un mínimo de acercacimiento a la realidad, en el caso de las materias primas energéticas y alimentarias. La asombrosa demanda internacional está facilitando precios records en los mercados. El párrafo intenta “exculpar” del problema a los mercados internacionales para “culpabilizar” al gobierno central. Es una huida hacia delante, porque no reconoce límites ni tensiones globales (algo insólito), sino que intenta usar este incremento como arma arrojadiza. Es lo que damos en llamar la “era del reproche”, creciente en estos tiempos de atisbos de crisis.  

2.     Los incrementos de precios se producen con una desaceleración económica, situación novedosa que no se daba desde los años setenta en la que el fenómeno predominante en las crisis de 1973 y de 1979 fue el de la  estagflación (paro con inflación)

Efectivamente, el escenario es de estagflación, algo que se alcanza cuando los límites (naturales o forzados) se alcanzan. Como se comenta, los anteriores episodios están relacionados con las crisis energéticas de pequeños bloqueos de suministro del petróleo. Hoy están relacionados con el declive estructural del petróleo como recurso abundante, por lo que la situación es radicalmente nueva, y mucho más preocupante.

·        Todo ello está generando en las familias canarias una caída en su poder de compra que lógicamente quieren recuperar para lo cual presionan al alza los salarios.

El problema no son los salarios, sino que se pretende mantener los niveles de consumo. Al ser un problema el incremento del consumo, si un alza de salarios pretende mantener esa tendencia, se transforma en “problema”. También ocurre, evidentemente, con los beneficios empresariales que pretenden seguir “creciendo”, y se encuentran con esos límites.

·        Si las empresas aceptan ese alza en los salarios se alimenta la espiral inflacionista de precios/salarios (debido a que los aumentos salariales terminan por ser repercutidos en los precios).

Los precios reflejan no sólo demanda, sino también costes estructurales crecientes. La “espiral inflacionista” se mantendría inclusive si se subieran los salarios, dado que los precios están creciendo a nivel internacional por motivos estructurales. Evidentemente, en el origen de ese crecimiento se encuentra una demanda global creciente, y sobre todo por parte de los países más poderosos, entre los que se encuentra el conjunto de España.

·        Si los salarios no aumentan, las familias ven deteriorado progresivamente su poder adquisitivo al disminuir su renta disponible.

·        Lo que es impensable es plantear que sean las rentas salariales las que tengan que asumir el coste del ajuste.

·        La solución para evitar la espiral inflacionista que reste competitividad a nuestra economía agravando más el problema, es que se produzcan transferencias de renta desde las administraciones públicas a los ciudadanos, sobre todo en los tramos más bajos, lo cual, si se quiere hacer en condiciones de eficiencia, implica proceder a nuevas rebajas fiscales y a un control del  crecimiento del gasto público corriente ajustándolo al PIB nominal.

Al final, se estima como “solución” procurar mantener el consumo, “ayudándolo”. Esta medida ya se realiza a nivel global, con diferentes tipos de inversores, consumidores, etc. El problema es que las administraciones públicas no obtienen el dinero de la nada, sino de la recaudación de impuestos. La pescadilla de consumo-recaudación-inversión, etc. se mantiene en el crecimiento. “Apuntalar” el consumo con transferencias públicas tiene el límite del crecimiento de la economía, y es una medida en todo caso transitoria y que, finalmente agrava el problema, porque crea una “ficción” (insistimos transitoria) de crecimiento, que no está sustentada por la confianza ni por los datos que hablan de escasez de recursos y materias primas.

ACCIONES Y MEDIDAS

La situación económica internacional no parece vaya a invertirse a lo largo de los próximos meses.

De hecho los analistas coinciden en que las cosas pueden ir a peor y que la dimensión del problema es mayor de lo que parecía hace sólo unos meses.

Hay un grave problema de confianza por parte de todos los operadores en los diferentes mercados de bienes y servicios y los recelos de los bancos entre sí (al desconocerse aún la magnitud de los efectos reales de la crisis hipotecaria estadounidense sobre los balances bancarios) hacen que las distintas autoridades monetarias centrales estén permanentemente dispuestas a inyectar liquidez en los mercados para evitar nuevos repuntes en los tipos. No obstante, las colosales transfusiones monetarias realizadas desde el verano pasado, los efectos verdaderos de las turbulencias están aún por ser determinados.

Se denomina “turbulencia financiera” al proceso de ajuste “histórico” entre la realidad de la masa monetaria (prácticamente incomensurable con las fórmulas de transacciones electrónicas, fondos de inversión, etc.) y la realidad de pugna creciente entre recursos declinantes y población creciente. Se dan, simultáneamente, varios procesos: hay creciente insolvencia para pagar lo debido (porque la realidad del crecimiento menor y subidas de precios no era contemplada por los felices deudores), y hay tensiones de precios en sí mismo. El valor del dinero será menor con esos ajustes (al subir los precios), y no son descartables episodios bastante “correctores” de esa masa monetaria, a una realidad económica declinante.

En paralelo, para el caso de la economía española y sus efectos sobre la canaria, está resultando especialmente pernicioso el desviado análisis que se está haciendo sobre la situación actual, contrario al que han hecho y confirman cada día todos los organismos económicos internacionales. Retrasar los diagnósticos sólo puede servir para retrasar los remedios y agravar por tanto los efectos de la desaceleración.

Por todo ello el Gobierno de Canarias no quiere permanecer impasible y, aún dentro del nulo margen de maniobra para influir en las decisiones nacionales de política económica, sí quiere llamar la atención al Gobierno de la Nación sobre las consecuencias de un erróneo análisis de la situación y, sobre todo, proponer a los agentes económicos, sociales y al conjunto de las administraciones públicas canarias un conjunto de acciones y medidas que estimules el crecimiento económico mediante el relanzamiento del consumo, la inversión y las exportaciones al tiempo que se racionaliza el gasto público.

Desde tal perspectiva el Gobierno de Canarias se plantea los siguientes objetivos:

1.      Eliminar las barreras que impiden una comunicación marítima y aérea fluida entre islas.

Esta medida agravará el problema, al hacer más dependiente a la economía canaria de una movilidad que será cada vez más cara (la movilidad es dependiente un 100% del petróleo, y este es muy previsible que mantenga su tendencia alcista). Resulta, no obstante, ya “tragicómico” que se hable aún de “barreras de fluidez” entre islas. 

2.      Hacer un esfuerzo conjunto por parte  de todas  las administraciones públicas canarias para aminorar, flexibilizar y simplificar la carga burocrática y la maraña administrativa que hoy día frena proyectos de inversión, públicos y privados, que de llevarse a cabo con mayor celeridad contribuirían al crecimiento económico y a la generación de renta y riqueza.

3.      Impulsar la competencia en los mercados de bienes y servicios penalizando las situaciones que vulneren la libre competencia.

Curiosamente, este concepto de la “competencia” es el que ha permitido, al mismo tiempo que abastecer a las islas de productos muy baratos durante mucho tiempo, acelerar la aproximación a esos límites que han provocado los problemas, porque ha difuminado barreras físicas importantes. Como sabemos, todo ello ha sido gracias al combustible barato y abundante. La “libre competencia” es también la que está haciendo multiplicarse los precios de las materias primas, al concurrir los demandantes ansiosos a un mercado oferente con pocas posibilidades de crecer al ritmo de la demanda. Por lo tanto, la “mayor competencia” traerá mayores problemas, a nivel global, y en la medida en que estamos “globalizados”, también a nivel local.

4.      Aprovechar la transposición de la Directiva de Servicios  de la UE para posibilitar una mayor competencia y libertad en los mercados.

Existe una cierta confianza ciega en que un “mercado competitivo” es un requisito si ne qua non para las bajadas de precios. La competitividad, sin embargo, como decimos también tiene utilidad en sentido contrario: en excluir del mercado a quien no pueda pagar por el producto. Esto es: es “positivo” en un entorno abundante, porque permite abaratar (falsamente) los costes, pero es “negativo” en un entorno de escasez, porque expulsa del mercado a quienes no pueden pagarlo, con subidas de precios y desabastecimiento.

5.      Promover nuevas rebajas fiscales en la línea con la que acaba de entrar en vigor respecto al Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones:

·        Reducción del tipo del ITPAJD para operaciones que contribuyan al crecimiento de la economía.

·        Simplificación de la gestión del IGIC homogeneizando tipos de manera que se clarifique la imposición indirecta sin merma en la recaudación.

·        Reducción progresiva del Impuesto sobre el Patrimonio hasta su desaparición.

·        Desaparición de las tasas portuarias que gravan los tráficos entre las islas no capitalinas y entre esta y las capitalinas.

Los servicios públicos son los grandes perjudicados por estas medidas. No hay que olvidar que el funcionamiento de esos servicios es básico para entender nuestra economía: mantenimiento de redes de saneamiento, carreteras, servicios sanitarios, sociales, de seguridad, etc. Se está transfiriendo la necesidad de fondos al ámbito competencial estatal, lo que incrementa la “fase de reproche” antes mencionada.

6.      Mejorar la agilidad en la ejecución de los Programas Operativos y proyectos financiados con recursos europeos dentro de las perspectivas financieras 2007-2013.

7.      Aumentar el volumen de recursos públicos disponibles por la CAC para hacer frente a problemas pendientes y nuevos retos fundamentalmente procedentes de un nuevo marco de financiación autonómica, la equiparación de Canarias al resto de CC.AA. en cuanto a inversión media estatal y de la plena disponibilidad de Canarias de su recaudación por IGIC.

8.      Potenciar el sistema de ejecución de obra pública por el procedimiento de la concesión posterior de los servicios inherentes a la misma.

Se centra básicamente esa obra pública en obra de infraestructuras de transportes, que agravan el problema: ya las Islas cuentan con una enorme red viaria cuyo mantenimiento en adecuadas condiciones y supone un gasto creciente por parte de las administraciones. Es muy previsible el deterioro de los servicios públicos, en la medida en que su red se siga ampliando.

9.      Impulsar el uso de la RIC para inversiones en suelo destinado a vivienda pública, actividades industriales y a rehabilitación de establecimientos turísticos.

Hay un error en la concepción de la inversión: en un entorno de crecimiento acelerado, proponer actividades de “menor crecimiento” supone, dejando el resto de variables, un ajuste equiparable al de “dejar de crecer”. La economía canaria se ha forjado en torno a la aceleración, y es inevitable una expulsión de empleo, empresas, etc. en el ajuste a otro tipo de actividad. No existen transiciones de salón hacia crecimientos menores, en un entorno globalizado, y con incertidumbre máxima. El “riesgo” de la inversión se mantiene en momentos de gran crecimiento, no de dudoso futuro, de ahí la inviabilidad práctica de medidas que suelen presentarse como bálsamos, pero inoperativas en términos reales.

10.  Revisar la estrategia de promoción exterior de manera que se prioricen los mercados del Magreb y Africa Subsahariana con potencial de crecimiento teniendo en cuenta los instrumentos financieros al efecto previstos por la UE.

11.  Reordenar la red de oficinas de PROEXCA en el exterior priorizando los destinos donde la oferta exportable canaria sea competitiva.

Existe un mito en torno al “boom” africano, y su posible dimensión. Independientemente del crecimiento habido, y de que pueda existir un cierto “nicho” para el mercado canario de reexportación, el abatimiento de esas sociedades, con la emigración constante, es el mejor reflejo de que existe un escaso margen para la inversión constante. Bien al contrario, el entorno africano puede ser germen (ya lo es) de crecientes episodios de inestabilidad sociopolítica, conforme se disuelvan en frustración los intentos de crecimiento, que están atrayendo a importantes bolsas de población rural a las ciudades del Oeste africano.

12.  Aprovechar los recursos del PO 2007-13 en lo que respecta al eje de actuaciones para I+D+i.

Igualmente, el I+D+i es presentado normalmente como una especie de milagrosa receta para el “desarrollo”, cuando realmente su efecto multiplicador está circunscrito a zonas muy exclusivas del Mundo, que “abastecen” de tecnología al restante. Sin negar su importancia, no se debe “glorificar” su aportación en escenarios de ajuste.

13.  Seguir de manera precisa los efectos reales de las ayudas REA sobre el nivel de precios en las islas.

Refleja muy a las claras esta propuesta el escaso margen, y la impotencia existente en torno a las subidas de precios alimentarios.

14.  Aplicar las medidas previstas en el Plan Nacional de Reforma de España para la puesta en práctica de la Estrategia de Lisboa (control del déficit, aumento de la competencia en los servicios, promoción del trabajo a tiempo parcial, mejorar el acceso a guarderías infantiles y otros)

El logro de tales objetivos, previa discusión con los agentes sociales y económicos de las islas, debería traducirse en un plan de acciones concretas con efectos sobre el consumo, la inversión , el gasto corriente y las exportaciones en Canarias.

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