Crisis en Canarias

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Ajustes bursátiles

Posted by juanjesus en enero 23, 2008

¿Tiene que ver un ajuste bursátil con los recursos naturales? Al ser el dinero la fórmula universal para transar con mercancías, y provenir éstas de la transformación de recursos naturales (renovables o no), evidentemente hay una correspondencia entre dinero y recursos. Lo que ocurre con el “capital financiero” es que ha generado la ficción de que es posible crecer sin base real, y lo que demuestran los cracks bursátiles es que la economía no puede permanecer mucho tiempo en ese estado. Contra lo que se suele creer, las fórmulas del capital especulativo no tienen mucha historia económica detrás, y se suele situar su origen, en su concepción actual, en los finales del Siglo XIX, coincidiendo con el acelerado despliegue de los factores de producción y la creciente globalización real (fruto del incremento de la movilidad e intercambio de mercancías). El capital financiero no podría existir sin la “economía real”, pero ha llegado el punto en que numerosos puntales de esa “economía real” (específicamente, el sector inmobiliario) han forjado sus puntales en el crédito que ha multiplicado esa burbuja financiera.  En la medida en que hay límites físicos, hay límites económicos; y, dentro de esos límites, los energéticos son de primera importancia. El Mundo ha entrado en una fase en que la demanda de energía no puede ser satisfecha por una oferta, estancada en el caso del petróleo y creciendo de forma “insuficiente” en el caso del gas, carbón y uranio. El resultado es una importante subida de precios y, finalmente, el reconocmiento por parte de las principales instancias económicas, de que existen problemas de crecimiento, inclusive en China. Los cracks son fruto de la falta de confianza en el crecimiento de la masa monetaria más allá de la realidad. Algo lógico, en el actual escenario, como lo fue en la crisis del 29, o en el estallido de la burbuja tecnológica de los 90. Hoy la burbuja es aún más global, dada la tremenda voracidad por parte de muchos países de recursos naturales.  

Existen límites físicos, como explicamos aquí: El ajuste bursátil (Diario de Avisos). Resulta interesante leer las consideraciones sobre el “dinero barato”, en tiempos de recursos cada vez más escasos: “¿Dinero Barato? No, gracias, y el análisis del profesor Juan Torres López: La caída de las bolsas internacionales: pasó lo que tenía que pasar . Por último, el visionado de “Dinero como deuda”, aclara bastante el origen e historia del dinero como deuda, una de las grandes ficciones y ejercicio de fe de la Historia.  

Las crisis son procesos de cambio y adaptación. A nadie le gusta cambiar hacia lo que desconoce, y nuestra naturaleza es de todo punto conservadora cuando nos hablan de incertidumbres, perspectivas cuajadas de dudas, etc. Que me quede como estoy, exclamamos cuando no vemos algo claro. Pero es cierto que, como la vida suma y no pasa en balde, los cambios son inevitables. En el caso que nos ocupa, cuando se despliega una enorme masa de dinero que no existe en la realidad sino en anotaciones informáticas, y se genera una soberbia estructura de crédito con base en el imposible  crecimiento perpetuo, es totalmente lógico que surjan los ajustes, bursátiles y reales, si partimos de que algo de realidad tendrá que suban y luego bajen de forma paranoica los índices de tal o cual plaza, y en algo se reflejará esta creciente oleada de falta de confianza en el crecimiento.  Y es que, al final, estamos hablando de un ajuste por dudas en la fe integrista de la perpetuación y multiplicación abstracta del dinero. Es normal, porque la otrora mala prensa del usurero sigue registrando, no obstante los pelotazos del excéntrico cambio de milenio, algún recuerdo inveterado en el personal, que no se termina de fiar de que tanta promesa de ejecutivo de alta rentabilidad tenga sustento terrenal. Resulta que el pecado de la avaricia, con todas sus letras, se ha instalado en las relaciones económicas, y ha tomado el templo de nuestros hogares, puestos de trabajo, y aparecido en las pantallas y crónicas más sesudas de nuestra cotidiana vida: vivimos pendiente del hilo de una maraña enorme de especuladores que prestan su dinero, sin tenerlo ellos de verdad, a otros que tienen negocios de verdad, y que a su vez emplean a personas de carne y hueso. Parecía que la maligna fórmula funcionaba, hasta que vinieron los límites reales a darnos el amargo beso del despertar de la penitencia.  Es el despertar de los ajustes. No se trata del fin del Mundo, sino del comienzo de una serie larga de más que probables y gradualmente más contundentes ajustes a la realidad física. A muchos economistas y aprendices de brujo financiero no les gusta oír hablar de límites físicos. Les molesta, y prefieren considerar que existen ciclos que, mágicamente, nos traen y llevan por crisis, auges y expansiones. Pero quizás es hora de escuchar a los que llevan mucho tiempo advirtiendo de los límites en recursos de todo tipo: un petróleo cada vez más caro, unos rendimientos agrícolas al límite, el declive de pesquerías, la creciente competencia por todas las materias primas y, evidentemente, una población pobre de muchos sitios con apagones que querría vivir como la del Primer Mundo, éstos últimos  mantenerse como están, y la casa del Planeta acumulando argumentos para el colapso. Es, en fin, una economía que devora al ritmo mayor de la Historia todo tipo de bienes finitos, a una espeluznante velocidad creciente, y que se encuentra de forma acelerada con los problemas. Hay más dinero que realidad física que empeñar, y eso está poniendo  el límite a la fe en el billete. Es lo que tiene ponernos a vivir de crecimientos, tirar de la tarjeta y garantizar rentabilidades de insaciable consumidor, cuanto apenas se tiene solamente referencias de uno que dicen que me presta lo que otro a su vez ha conseguido de un empréstito que ha comprado a última hora a un histérico inversor en la bolsa asiática.

TEMA:

¿más dinero y más barato…? No, gracias…

  Por Jean Merch.

A plomo. Han caído a plomo. Titulares de pánico para la espantá bursátil y caras de sorpresa ante el descalabro sufrido por los mercados… incluso leo reproches e indignación ante la inacción, pasividad, de las autoridades financieras para evitar el crash…

Y, sin embargo, no recuerdo parejos reproches ni similar indignación ante el robo de prosperidad futura, la de hoy y la de mañana, cuando se bajaban tipos de interés por debajo de las tasas de inflación y se regalaba dinero recién impreso como si lo fuesen a prohibir al día siguiente…

Nihil novum sub sole… para un servidor, al menos… Crash & Crisis are knocking the door decíamos a principios de Noviembre… y antes de terminar el mes, que entrábamos en un mercado bajista según el bueno de Dow… y así ha sido…

Hay quien ya espera el Maná salvador de los bancos centrales y su dinero fácil y barato, sin pararse a pensar, una vez más, que lo que puede parecer un remedio sólo agrava la enfermedad, dilata y dificulta su curación cuando no la impide y, en el mejor de los casos, produce más dolor del que es soportable…

La oferta monetaria mundial está fuera de control: si en la eurozona crece por encima del 12% anual, en EE.UU lo hace al 16% (a pesar del apagón estadístico), en Canadá al 8%, 12% en Reino Unido, en Méjico al 14%, en Brasil al 16%, 18% en China, un 21% en India y un ¡42%! en Rusia… ¿cómo no va a haber inflación y burbujas…?

Pues haberlas, haylas… y su último destino es estallar… rasgarse las vestiduras cuando se ajustan a la baja los precios de activos que han estado subiendo sin cesar durante años (en el caso del Ibex 35, 10500 puntos en poco más de 5 años, un 200% de revalorización) es poco serio, aunque los ajustes vengan acompañados de pánico vendedor… sólo duele si coge a contrapié, porque cuando los vientos de cambio en las valoraciones soplan a favor nadie se queja… ni se piden intervenciones…

Mediante la expansión del crédito se favorece la inflación de activos, mediante la impresión de dinero, la de bienes de consumo… La actual contracción y endurecimiento del crédito propicia la deflación de activos financieros e inmobiliarios que, a través del efecto riqueza, han estado alimentando el consumo y la especulación, por lo que los bancos centrales tratan ahora de sustituir crédito por creación de dinero, lo que aumenta aún más las presiones inflacionistas sobre los precios de consumo…

Los precios alimenticios crecieron en 2007 un 6’6% en España, un 5’7% en el conjunto de la UE. Y esto es sólo el principio. La FAO ha notificado disturbios sociales y protestas relacionados directamente con la escasez y alto precio de los alimentos en Marruecos, Uzbekistán, Yemen, Guinea Ecuatorial, Mauritania, Senegal, Méjico y China. Los controles y embargos a la exportación de alimentos se están imponiendo a nivel mundial, de Argentina a Rusia, pasando por Vietnam, India o China. Todos quieren acumular stocks en previsión de escasez y altos precios en la alimentación…

El incremento dramático de los costes de alimentación humana y del ganado abocarán a la generalización de disturbios sociales en los países menos desarrollados donde la alimentación básica pasará a convertirse en un lujo que muy pocos podrán permitirse…

El trigo ha subido un 90% en 2007, un 80% la soja, 20% el maíz (44% en los últimos 15 meses) y el arroz está en máximos de 20 años… y lo que cuelga…

La crisis alimentaria está servida como una consecuencia más del demencial devenir del sistema financiero internacional, fruto de la impresión masiva de dinero por los bancos centrales y una política monetaria erróneamente laxa y complaciente, así que ¿quién quiere el dinero más barato…?

Dinero más barato sólo nos conduce a un lugar: hiperinflación… la misma que sufrió la Alemania de Weimar, donde los obreros cobraban diariamente en billetes de millones de marcos que apenas daban para comprar una hogaza de pan con la que alimentar a su familia… y al día siguiente, distinto salario para distintos y más altos precios…

Una hiperinflación que terminará con el postre amargo de la deflación… ¿quién quiere el dinero más barato…?

Dejemos que las valoraciones surrealistas de activos se corrijan, permitamos ajustes en precios inflados que divergen años luz del poder adquisitivo de los salarios y asumamos disparates pretéritos para no tener que sufrir una depresión económica que dejaría en pañales a la Gran Depresión… no hipotequemos además de nuestro futuro el de nuestros hijos y nietos… ¿más dinero y más barato…? No, gracias…

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