Crisis en Canarias

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Empleo y la necesidad de alimentarnos localmente: crónica de los alimentos más caros IV. El caso del arroz.

Posted by juanjesus en abril 9, 2008

Es urgente abordar políticas de empleo que generen ocupados en el sector primario local. Es la mejor fórmula para preservar el recurso natural más escaso: el suelo fértil, obtener alimentos y derivar hacia ese sector los crecientes excedentes de empleo que la recesión económica irá expulsando del mercado del trabajo. Porque, debe quedar claro, es muy probable que la tendencia alcista del precio de los alimentos continúe, como advierte BNP Paribas (BNP. Los precios agricolas no han tocado techo).  

El arroz ha llegado a subir de precio un 50% en dos semanas, mostrando a las claras la alta inestabilidad de la situación alimentaria mundial, que ya se califica como de “crisis alimentaria” en los grandes medios de comunicación. Andrés Ortega, en El País, describe (“El coste de los precios”, también en su blog). Una de las consecuencias de este hecho son las restricciones que los exportadores de alimentos ya están imponiendo a su producción (Argentina, India, China, Vietnam, Egipto, etc.). (Financial Times: los países exportadores limitan el comercio de alimentos). También son habituales en estas situaciones operaciones de acaparamiento, como ya practican con el arroz los países asiáticos. (EL PAÍS: Asia hace acopio de reservas de arroz y empuja más su precio).

Evidentemente, esta dinámica incrementa los precios aún más para los países importadores, más para los pobres que para los ricos, evidentemente, causando disturbios sociales en los primeros e incremento de la inflación y pérdida de poder adquisitivo para los asalariados de los países ricos.

 

Los precios de los alimentos están subiendo de manera vertiginosa en todo el Mundo.  Independientemente de que existan problemas en la intermediación, es preciso reconocer que hay factores de calado estructural en esta dinámica alcista: malas cosechas, derivación de granos para biocombustibles y para alimentación cárnica de una población creciente de “clase media”, problemas de sequía importante, subida de los precios del petróleo (y, por tanto, del transporte, fertilizantes…), etc. Además, a ello se añade la especulación protagonizada por un dinero que se refugia en las materias primas ante los tiempos de crisis financiera y recesión económica, que ya admite incluso el Presidente de la Reserva Federal Norteamericana.

 

El periodo de incremento de los precios de los alimentos no es lineal. De hecho estamos ante un “salto brusco” de su encarecimiento, que podría derivar en futuras bajadas. No obstante, estamos hablando de una tendencia alcista “estructural”, y de un grado importante de ajuste entre la oferta y la demanda creciente. Por ello, cualquier “incidente” metereológico como una mala cosecha (ante sequías que se anuncian pueden incrementarse, etc), puede aún disparar los precios.

 

Estamos, pues, ante un cambio de tendencia histórico. Como ya se ha anunciado, se está acabando la “era de los alimentos baratos”, y comienza un proceso de gran incertidumbre, en el que de nuevo, como dice Nial Ferguson en Telegraph, “habrá que preocuparse por el pan, no por el petróleo”.

 

En esa perspectiva, es obligado incrementar la producción alimentaria local que, por otro lado, procuraría la recuperación del recurso natural más escaso de cualquier comunidad, junto con el agua: el suelo fértil. Sería el mayor esfuerzo de “sostenibilidad” que podría emprender cualquier comunidad mundial, hoy.

 

BNP. Los precios agricolas no han tocado techo – Agricultura

Agroinformación

2 Abril ´08- Para Frederic Hervouet, director de inversiones de BNP Paribas en derivados de materias primas en Asia las materias primas, especialmente las agrícolas, permanecerían en niveles altos a pesar de la caída registrada el mes pasado, en medio de temores sobre la contracción del crédito y la desaceleración de la economía estadounidense. Según indico el actual ciclo alcista podría no haber alcanzado ni siquiera su punto medio y que podría extenderse por 18 años -o la duración promedio de las tres escaladas de las materias primas en el último siglo.

“Este mercado alcista lo es impulsado por la demanda de 6.500 millones de personas en la Tierra, comparado con los menos de 3.000 millones que había en la década de 1970,” explicó.

Para él, el descenso en las cotizaciones de los productos agrícolas durante el mes pasado se debió principalmente a la crisis hipotecaria y al temor de que la desaceleración económica en Estados Unidos que afecte con frenar el crecimiento mundial,  pero no a que se hayan producido cambios en los fundamentos. Por eso espera nuevas alzas en los precios de los productos agrícolas.

El País: No son los bancos, es el arroz , por  MOISÉS NAÍM

MOISÉS NAÍM 06/04/2008

Ni Wall Street, ni sector inmobiliario. El problema es el arroz. Los altos costos de la comida, la escasez y la especulación están ocasionando duros enfrentamientos políticos

El precio internacional del arroz se ha disparado. En un solo día subió un 10%; en las últimas dos semanas, el 50%. Ni siquiera en épocas de guerra ha estado tan caro. Basta recordar que el arroz es parte fundamental de la dieta diaria de 3.000 millones de personas para que los problemas del sector financiero o del inmobiliario parezcan una distracción menor.

Los precios del arroz subieron porque tanto los países productores como los consumidores entraron en pánico. Ante un posible desabastecimiento, los países importadores de arroz aumentaron drásticamente sus compras. Y los productores, preocupados por la posibilidad de dejar a su población sin arroz, limitaron sus exportaciones. La combinación de compras nerviosas y acaparamiento preventivo llevó los precios a la estratosfera.

Y no es sólo el arroz; es el precio de la comida en general. El problema afecta a todos, pero trágicamente, y como siempre, más a los pobres. En Egipto hay desabastecimiento de pan. Los precios internacionales del trigo se duplicaron en el último año y los controles de precios y subsidios gubernamentales hacen que el pan subsidiado, en vez de llegar a los pobres, se venda más caro en el mercado negro. Al menos seis personas han muerto asfixiadas por la muchedumbre o apuñaladas al tratar de colarse en las filas para el pan. El hambre generalizada está volviendo a formar parte de la vida de millones de africanos. Pero ahora, en vez de afectar a poblaciones rurales y aisladas, está ocurriendo en las ciudades. En Argentina, donde la carne es tan importante como lo es el pan en Egipto o el arroz en Asia, hay carestía de bife. En todas partes los altos costos de la comida, la escasez, el acaparamiento y la especulación están ocasionando duros enfrentamientos políticos, conflictos entre productores y consumidores, entre el campo y las ciudades y entre países exportadores e importadores. La clase media de los países ricos también se ve afectada.

Evidentemente, estamos en presencia de un fenómeno global, grave y sin precedentes.

El hambre es una experiencia humana muy antigua. Las hambrunas aparecen en la narrativa de todas las religiones. Pero la actual precariedad del sistema alimentario mundial tiene causas muy modernas que incluyen tanto grandes éxitos gubernamentales como importantes fracasos; avances científicos milagrosos y estancamiento tecnológico, el uso del mercado para solucionar problemas y la incapacidad para intervenir adecuadamente cuando éste falla.

Una parte del reciente aumento de los precios de la comida se debe a un fabuloso y reciente triunfo de la humanidad: más gente que nunca hoy puede comer tres veces al día. Brasil, Vietnam, Turquía, China e India son sólo algunos de los países donde millones de personas hoy comen más y mejor. Las revoluciones científicas aumentaron la productividad agrícola y probablemente lo volverán a hacer. Si bien la producción de alimentos ha aumentado muchísimo, no lo ha hecho tan rápido como el consumo; de ahí los aumentos de precios.

Pero hay otros factores que inhiben el crecimiento de la producción. Uno nuevo es el cambio climático. La producción de arroz en Asia se ha visto afectada por un patrón irregular de sequías y lluvias torrenciales. En otros países, los ciclos de cosecha se están acortando y los cambios de temperatura engendran nuevas plagas. El alto precio del petróleo puso de moda a los biocombustibles. Para los agricultores, ahora resulta más lucrativo producir maíz para llenar tanques de automóviles que para llenar estómagos. El aumento del precio del maíz estimula la demanda y los precios de otros cereales. Y produce protestas callejeras en México.

Pero lo que más determina la producción mundial de alimentos son las políticas gubernamentales. Y estas políticas tienen un fuerte sesgo a favor de los productores, mientras sus costos repercuten en los consumidores. En todos los países, el lobby agrícola está mejor organizado, tiene más dinero y es más políticamente influyente que los consumidores de alimentos que, paradójicamente, somos todos. Esto explica la surrealista e ineficiente maraña de tarifas, subsidios, controles, estímulos y reglas que moldea y corrompe la actividad agrícola y el comercio internacional de alimentos.

La buena noticia es que la crisis alimentaria mundial va a hacer crecientemente onerosas e insostenibles muchas de las distorsiones y obstáculos que ahora existen.

mnaim@elpais.es

 

EL PAÍS: Asia hace acopio de reservas de arroz y empuja más su precio

C. DELGADO / AGENCIAS – Madrid – 09/04/2008

 El precio del arroz continúa batiendo récord. El alimento básico de medio mundo alcanzaba ayer los 21,6 dólares cada 100 libras (13,7 euros cada 45,3 kilos), casi un 3% más que el lunes, y el doble que hace un año. Un nuevo envite asiático animaba a los inversores: Filipinas, principal importador mundial de este cereal, aumentaba su previsión de compras. No quiere arriesgarse a tener problemas de abastecimiento de la población.

Filipinas dejará entrar en sus fronteras casi un millón de toneladas más de arroz. Quiere aumentar un 42% la importación respecto al año pasado, de 1,9 a 2,7 millones de toneladas. Pretende así relajar el mercado y evitar que los especuladores acumulen cereal para venderlo después a mejor precio. La semana pasada el Gobierno anunció que se planteaba incluso la cadena perpetua para los acaparadores, ya que son una de las causas principales de la subida de precios en el país.

China, Egipto, Vietnam e India ya anunciaron hace días que protegerán el abastecimiento interior, para lo que reducirán las exportaciones o utilizarán los aranceles a su favor. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, calculó ayer que los alimentos básicos en general se han encarecido un 80% desde 2005, y prevé que el alza continúe este año. El organismo advierte de las consecuencias que pueden traer a países de Asia y África y vaticina desajustes en la economía de al menos 33 países. Comienzan a verse algunos ejemplos. En Vietnam, la inflación interanual en marzo era del 19%, impulsada sobre todo por la subida del arroz y el combustible. En Haití ya han muerto cuatro personas en las protestas populares por los elevados costes de productos básicos.

Los precios de los alimentos, con una subida menos visible que la del petróleo, tiene “el efecto potencial de un tsunami económico y humanitario en África”, alertó ayer la Comisión Europea. Louis Michel, comisario de Ayuda Humanitaria, exigió la colaboración internacional para asegurar la alimentación de este continente.

Worry about bread, not oil


By Niall Ferguson

Last Updated: 12:01am BST 29/07/2007

 

The great demographer and economist Thomas Malthus was 23-years-old the last time a British summer was this rain-soaked, which was back in 1789. The consequences of excessive rainfall in the late 18th century were predictable.

Crops would fail, the harvest would be dismal, food prices would rise and some people would starve. It was no coincidence that the French Revolution broke out the same year.

The price of a loaf of bread rose by 88 per cent in 1789 as a consequence of similar lousy weather. Historians of the Left like Georges Lefebvre used to see this as a prime cause of Louis XVI’s downfall.

Nine years after that rain-soaked summer, Malthus published his Essay on the Principle of Population. It is an essay we would do well to re-read today.

Malthus’s key insight was simple but devastating. “Population, when unchecked, increases in a geometrical ratio,” he observed. But “subsistence increases only in an arithmetical ratio.”

In other words, humanity can increase like the number sequence 1, 2, 4, 8, 16, whereas our food supply can increase no faster than the number sequence 1, 2, 3, 4, 5. We are, quite simply, much better at reproducing ourselves than feeding ourselves.

Malthus concluded from this inexorable divergence between population and food supply that there must be “a strong and constantly operating check on population”.

This would take two forms: “misery” (famines and epidemics) and “vice”, by which he meant not only alcohol abuse but also contraception and abortion (he was, after all, an ordained Anglican minister).

“The vices of mankind are active and able ministers of depopulation,” wrote Malthus in an especially doleful passage of the first edition of his Essay. “They are the precursors in the great army of destruction; and often finish the dreadful work themselves.

“But should they fail in this war of extermination, sickly seasons, epidemics, pestilence, and plague advance in terrific array, and sweep off their thousands and tens of thousands. Should success be still incomplete, gigantic inevitable famine stalks in the rear, and with one mighty blow levels the population with the food of the world.”

I wish I could have a free lunch for every time I’ve heard someone declare: “Malthus was wrong.” Superficially, it is true, mankind seems to have broken free of the Malthusian trap.

The world’s population has increased by a factor of more than six since Malthus’s time, passing the 6 billion mark not so long ago. Average life expectancy has risen worldwide from 28 to 67.

Yet the daily supply of calories for human consumption has also gone up on a per capita basis, exceeding 2,700 in the Nineties. In France, on the eve of the Revolution, it was just 1,848. Since Malthus’s day, the average human being’s income has increased by a factor of more than eight.

Human beings have grown taller and bigger, too. The average British male stood 5ft 5in tall in the late 18th century. Today, his mean height is 5ft 9in. So abundant is food in the land of the free that more than a fifth of Americans are now classified as obese.

The conventional explanation for our seeming escape from Malthus is the succession of revolutions in global agriculture, culminating in the post-war “Green Revolution” and the current wave of genetically modified crops.

Since the Fifties, the area of the world under cultivation has increased by roughly 11 per cent, while yields per hectare have increased by 120 per cent. In 2004, world cereal production passed the 2 billion metric ton mark.

Yet these statistics don’t disprove Malthus. As he said, food production could increase only at an arithmetical rate, and a chart of world cereal yields since 1960 shows just such a linear progression, from below one and a half metric tons to around three.

Meanwhile, vice and misery have been operating just as Malthus foresaw to prevent the human population from exploding geometrically.

On the one hand, contraception and abortion have been employed to reduce family sizes. On the other hand, wars, epidemics, disasters and famines have significantly increased mortality.

Together, vice and misery have ensured that the global population has grown at an arithmetic rather than a geometric rate. Indeed, they’ve managed to reduce the rate of population growth from 2.2 per cent per annum in the early Sixties to around 1.1 per cent today.

The real question is whether we could now be approaching a new era of misery. Even at an arithmetic rate, the United Nations expects the world’s population to pass the 9 billion mark by 2050.

But can world food production keep pace? Plant physiologist Lloyd T Evans has estimated that “we must reach an average yield of four tons per hectare… to support a population of 8 billion”. But yields right now are, as we have seen, just three tons per hectare. And a world of eight billion people may be less than 20 years away.

Meanwhile, man-made forces are conspiring to put a ceiling on food production. Global warming and the resulting climate change may well be increasing the incidence of extreme weather events as well as inflicting permanent damage on some farming regions.

It is not just British crops that are suffering this year. At the same time, our effort to slow global warming by switching from fossil fuels to bio-fuels is taking large tracts of land out of food production.

According to the OECD, American output of corn-based ethanol and European consumption of oilseeds for bio-fuels will double by 2016. Only the other day, the executive director of the World Food Programme expressed anxiety about the unintended consequences of this huge shift of resources.

Some people worry about peak oil. I worry more about peak grain.

The fact is that world per capita cereal production has already passed its peak, which was back in the mid-Eighties, not least because of collapsing production in the former Soviet Union and sub-Saharan Africa. Simultaneously, however, rising incomes in Asia are causing a surge in worldwide food demand.

Already the symptoms of the coming food shortage are detectable. The International Monetary Fund recorded a 23 per cent rise in world food prices during the last 18 months. Maybe you’ve observed it yourself. I certainly have.

Of course, we’re not supposed to notice that prices are going up. In the United States, the monetary authorities insist that we should focus on the “core” Consumer Price Index, which excludes the cost of food. According to that measure, the annual inflation rate in the US is just 2.2 per cent. But food inflation is roughly double that.

It’s a similar story in Britain. Officially, UK inflation was running at 2.4 per cent in June. But food accounts for just 10.3 per cent of the notional basket of goods on which the CPI is based. Food inflation is actually 4.8 per cent.

And it gets worse. When I wanted a Philly cheese steak in the States last week, I had to pay through the nose. That’s because cheese inflation is 4 per cent, steak inflation is 6 per cent and bread inflation is 10 per cent. (American steak is now 53 per cent dearer than it was 10 years ago.)

It was even worse when I fancied fish and chips for lunch on my return to Britain. That’s because the fish inflation rate is currently 11 per cent in the UK, closely followed by the potato inflation rate of 10 per cent.

“The great question now at issue,” Malthus asked more than 200 years ago, “is whether man shall henceforth start forwards with accelerated velocity towards illimitable, and hitherto unconceived improvement, or be condemned to a perpetual oscillation between happiness and misery.”

For a long time we have deluded ourselves that “illimitable improvement” was attainable. As the world approaches a new era of dearth, expect misery – and its old companion vice – to make a mighty Malthusian comeback.

  Niall Ferguson is Laurence A Tisch Professor of History at Harvard University www.niallferguson.org © Niall Ferguson, 2007

 

 

[03/04/2008]

Agroinformación: La producción de arroz aumentará en 2008: FAO – Agricultura

FAO

03. Abril ´08 –  La producción mundial de arroz aumentará en 2008 un 1,8 por ciento, equivalente a 12 millones de toneladas, si las condiciones meteorológicas son normales, informó hoy la FAO.

El aumento en la producción aliviará la difícil situación actual en el suministro de los principales países productores de arroz, según el primer pronóstico de la Organización de la ONU para este año. Se espera una disminución en el comercio internacional de arroz, debido fundamentalmente a las restricciones en los principales países exportadores.

Se prevén aumentos considerables de la producción en todos los principales países asiáticos productores de arroz, especialmente Bangladesh, China, India, Indonesia, Myanmar, Filipinas y Tailandia, donde la oferta y la demanda están actualmente en una situación comprometida. Los gobiernos de estos países ya han anunciado una serie de incentivos para aumentar la producción.

Se espera que la producción de arroz se recupere de forma significativa en América Latina. También se prevé que aumente en la Unión Europea aunque puede disminuir en Japón, uno de los pocos países en los que el año pasado bajaron los precios al productor.

En el resto del mundo, las previsiones de producción para Australia son pesimistas y reflejan la escasísima disponibilidad de agua. También se prevé una reducida cosecha en Estados Unidos, principalmente como resultado de las reducciones de superficie arrocera provocadas por la creciente competencia de cultivos más rentables.

En este momento, China, India, Egipto y Vietnam, cuatro de los países exportadores de arroz tradicionales, además de Camboya, han establecido precios mínimos, impuestos o cuotas y prohibiciones de exportación. Con estas medidas se prevé una reducción de la cantidad de arroz exportada.

REUTERS: Arabs without oil hard hit by food price spiral

Thu 3 Apr 2008, 6:04 GMT

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(This is the latest in a series of stories on rising world food prices and their consequences)

By Alistair Lyon, Special Correspondent

BEIRUT, April 3 (Reuters) – While Gulf Arab oil producers reap windfall earnings, their poorer cousins elsewhere in the Arab world are struggling with soaring energy and food bills.

Inflation has surged in Gulf countries, fuelled partly by lavish spending of record oil and gas revenues. This is also spurring demand for everything from housing to power and water.

Gulf states with currencies pegged to the dollar have also been hit by the global weakness of the U.S. currency, which is driving inflation by making some imports more expensive.

But wrestling with rising prices is a grimmer business in Arab capitals not cushioned by oil wealth. From Cairo in Egypt to Sanaa in Yemen, mostly authoritarian governments have to weigh the fiscal costs of subsidising fuel and food against the explosive political risks of social discontent.

“Nothing’s inexpensive any more,” griped Jihad al-Amin, who owns a dry-cleaning store in Damascus, Syria. “Even parsley, which has been dirt cheap for as long as I can remember, has tripled.”

Food price rises hit the poor hardest in the Middle East, as in other food-importing developing countries around the world, but any instability here could ripple far beyond the region.

“Because the Middle East is such a sensitive area, we have to watch it that much more closely,” said Robin Lodge, a Rome-based spokesman for the World Food Programme (WFP), a U.N. agency which feeds nearly four million people in Egypt, Iraq, Syria, Yemen and the Israeli-occupied Palestinian territories.

“The consequences of discontent, anger in the Middle East can be more geo-political than they may be elsewhere — the huge wealth disparity is another thing to take into account.”

In the United Arab Emirates and Bahrain, the combination of rising prices and falling dollar purchasing power has sparked riots and protests by migrant workers, many of whom live in squalor among the skyscrapers and sports car showrooms.

Inflation has jumped across the region. In Saudi Arabia, the yearly rate hit 8.7 percent in February, a 27-year high.

A regional average compiled by the Economist Intelligence Unit and not weighted for gross domestic product put inflation in the Middle East and North Africa at 8.9 percent last year.

“We see it going up to 9.9 percent this year and 8.5 percent next,” said Caroline Bain, an editor at the EIU in London. “It’s not that high a figure, but it’s coming from a region where historically inflation was negligible, with some exceptions.”

POLITICAL REPRESSION

Discontent may be rising as inflation erodes the living standards of Arab middle classes and makes the poor hungrier, but some analysts doubt this will lead to political upheaval.

“The effect is poverty, social unrest, people living more miserably,” said Louis Hobeika, an economics professor at Lebanon’s Notre Dame University. “But it won’t go beyond that because of political repression by Arab dictatorships.”

Nevertheless, the problem is global and will not go away.

“Largely because of rising fuel prices, growing demand from developing economies and to some extent the effect of the biofuels industry, we are seeing rapidly declining food stocks and sharply rising prices,” said the WFP’s Lodge.

The U.N. agency has seen prices rise 40 percent in the past nine months for the grains, pulses and vegetable oil it buys.

Food prices in Syria have risen 20 percent in the last six months, Lodge said. In Yemen, one of the Arab world’s poorest countries, the price of wheat has doubled since February, while rice and vegetable oil have gone up 20 percent in two months.

Consumers face tough choices as food takes a bigger chunk of family budgets, perhaps leaving less for health and education.

Nidal Makhloof, a wholesale merchant in the West Bank city of Ramallah, said his customers were cutting back on all but essential items. “This mad global surge of prices has curbed the purchasing appetite,” he added.

In Lebanon, Central Bank Governor Riad Salameh said the purchasing power of the Lebanese was a “major concern” after it declined 10 to 15 percent last year due to higher oil and commodity prices and the dollar’s weakness against the euro.

Pierre Zoghbi, managing director of Mainspring, a food and beverage supplier, said prices of imported food, including dairy products, had risen 145 percent since late 2007.

“It is both amazing and horrible at the same time,” he said, blaming the strong euro. The Lebanese pound is effectively pegged to the dollar. “The currency changes affect us a lot.”

SOFTENING THE BLOW

The response from Arab governments has varied.

Several Gulf oil producers have tempered the impact of higher food and housing costs by raising wages of their nationals — at the risk of fuelling domestic inflation.

But many Saudis were disappointed by a five percent wage hike for public employees in January after Gulf neighbours had already increased salaries by bigger margins.

This week, Saudi Arabia said it was cutting import tariffs on food, such as frozen poultry, dairy goods and vegetable oils, and building materials.

Countries like Egypt, Syria and Yemen — all modest oil exporters whose output is declining — are straining their budgets by maintaining subsidies deemed vital to their people.

Jordan, unable to meet the cost, removed fuel subsidies in February, sending diesel and kerosene prices up 76 percent overnight. The government is promising to soften the impact with public sector wage increases and social safety nets.

In Egypt, where more than 14 million people live on less than $1 a day, inflation jumped to an 11-month high of 12.1 percent in February, largely due to rising food prices.

For decades, Egypt has provided cheap bread to its working poor to help them survive and to ward off discontent. This year queues for subsidised bread have lengthened, tempers have flared and 11 Egyptians have died in the lines since early February.

Prime Minister Ahmed Nazif told Reuters in March that people who were once willing to pay extra for free-market bread could no longer afford it, adding to demand for subsidised loaves.

The Egyptian government has banned rice exports from April to October to hold down local prices.

Wealthy Gulf countries could come under pressure to increase aid flows to less well-off Arab countries to compensate for the pain of rocketing oil and food import bills, but in the past such assistance has often been tied to political considerations.

The WFP says Gulf states should consider donating more to international agencies trying to assuage poverty in the region.

“With oil wealth should come a degree of responsibility — especially since the price of oil that is making them even wealthier is one of the forces driving more and more people into poverty over food,” Lodge said.

(For previous stories, graphics, pix and video, click on http:/www.reuters.com/news/globalcoverage/agflation)

(Additional reporting by Tom Perry in Beirut, Will Rasmussen and Jonathan Wright in Cairo, Khaled Yacoub Oweis in Damascus and Mohammed Assadi in Ramallah; Editing by Clar Ni Chonghaile)

SE DISPARA LA INFLACIÓN

EL MUNDO.ES: Vietnam revisa su crecimiento por el alza de los precios en un 20%

Actualizado jueves 03/04/2008 09:13

 

Un trabajador filipino empaqueta arroz. (FOTO: EFE)

EFE

HANOI.- Vietnam rebajará la previsión de crecimiento de la economía del país por el aumento del coste del petróleo y de varios alimentos básicos, entre ellos el arroz.

La economía de Vietnam ha crecido en 2007 la cifra récord del 8,5%, sin embargo, con una alta inflación que ronda el 15%, según el Banco Asiático de Desarrollo (BAD), el Ejecutivo se conforma con un objetivo menos ambicioso de entre el 6,5% y el 7,5%.

El BAD ha asegurado que Vietnam seguirá creciendo en 2008 a un ritmo estable próximo al 7%, por encima de la mayoría de economías del Sudeste Asiático, pero que los precios continuarán aumentando, incluso más que el año pasado, que registró una tasa del 12,3%.

La institución multilateral con sede en Manila ha revisado a la baja su pronóstico de crecimiento del inicial 8,5%.

El índice de precios al consumo en Vietnam ha sido el pasado marzo un 19,2% mayor que en 2007, a causa del aumento del coste del petróleo y de varios alimentos básicos, entre ellos el arroz, cuyo valor se está disparando en la región.

Para luchar contra este problema, el Gobierno ha anunciado distintas políticas anti-inflacionarias y un recorte en el gasto público de casi el 10%.

El Fondo Monetario Internacional ha alertado a Vietnam de que su economía está en proceso de recalentamiento y ha recomendado a sus autoridades que reduzcan la, a su juicio “imprudente”, cantidad de préstamos concedidos los bancos comerciales, que han aumentado por encima del 50% en 2007 pero han registrado un alto porcentaje de impagados.

Sube el arroz

El precio de este cereal sigue incrementándose y afectará especialmente a los pobres de las urbes de gran parte de Asia y África, además de a países como Brasil, Uruguay o Venezuela.

El director del Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI), Robert Zeigler, ha apuntado que el aumento del poder adquisitivo de los habitantes de algunas economías asiáticas guarda relación directa con el alza en la demanda de alimentos. “El incremento de la renta per cápita de los habitantes de Asia ha tenido como consecuencia una mayor demanda de todo tipo de comida, especialmente la de este cereal”.

Muchos de los principales países que comercializan en el mercado internacional su producción de arroz han limitado en las últimas semanas sus exportaciones, como en los casos de Vietnam o Tailandia, para asegurarse cantidades suficientes para el abastecimiento interno.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha publicado un informe poco alentador en el que señala que “la demanda de cereales sigue subiendo mientras que las reservas son cada vez más escasas”. El aumento de los precios de los alimentos básicos que se registra en todo el mundo tiene, para Zeigler, una víctima común: la población pobre que gasta más del 70% de sus ingresos en comida.

Los gobiernos están tomando medidas contra la posible especulación que puede generar esta situación. De hecho, el gobierno filipino ha amenazado con imponer la cadena perpetua a aquellos productores de arroz que almacenen el grano con el fin de venderlo a un precio más alto. Filipinas ha tenido que comprar 1,5 millones de toneladas métricas a Vietnam para satisfacer la demanda interna. En esta situación, cuando sus más de 90 millones de habitantes consumen a diario 33.000 toneladas de arroz, tendrá que importar este año al menos 1,8 millones de toneladas con el subsidio de los fondos del Estado.

 

El Paí: Asia hace acopio de reservas de arroz y empuja más su precio

C. DELGADO / AGENCIAS – Madrid – 09/04/2008

 

El precio del arroz continúa batiendo récord. El alimento básico de medio mundo alcanzaba ayer los 21,6 dólares cada 100 libras (13,7 euros cada 45,3 kilos), casi un 3% más que el lunes, y el doble que hace un año. Un nuevo envite asiático animaba a los inversores: Filipinas, principal importador mundial de este cereal, aumentaba su previsión de compras. No quiere arriesgarse a tener problemas de abastecimiento de la población.

La noticia en otros webs

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Filipinas, principal importador, quiere comprar un millón de toneladas más

Filipinas dejará entrar en sus fronteras casi un millón de toneladas más de arroz. Quiere aumentar un 42% la importación respecto al año pasado, de 1,9 a 2,7 millones de toneladas. Pretende así relajar el mercado y evitar que los especuladores acumulen cereal para venderlo después a mejor precio. La semana pasada el Gobierno anunció que se planteaba incluso la cadena perpetua para los acaparadores, ya que son una de las causas principales de la subida de precios en el país.

China, Egipto, Vietnam e India ya anunciaron hace días que protegerán el abastecimiento interior, para lo que reducirán las exportaciones o utilizarán los aranceles a su favor. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, calculó ayer que los alimentos básicos en general se han encarecido un 80% desde 2005, y prevé que el alza continúe este año. El organismo advierte de las consecuencias que pueden traer a países de Asia y África y vaticina desajustes en la economía de al menos 33 países. Comienzan a verse algunos ejemplos. En Vietnam, la inflación interanual en marzo era del 19%, impulsada sobre todo por la subida del arroz y el combustible. En Haití ya han muerto cuatro personas en las protestas populares por los elevados costes de productos básicos.

Los precios de los alimentos, con una subida menos visible que la del petróleo, tiene “el efecto potencial de un tsunami económico y humanitario en África”, alertó ayer la Comisión Europea. Louis Michel, comisario de Ayuda Humanitaria, exigió la colaboración internacional para asegurar la alimentación de este continente.

 

 

 

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