Crisis en Canarias

Just another WordPress.com weblog

El País anuncia la crisis financiera, alimentaria y energética

Posted by juanjesus en abril 28, 2008

 

El diario El País, el de mayor lectura en España, ha publicado en su suplemento Negocios diversos reportajes que recogen las advertencias de una crisis financiera, alimentaria y energética.

 

se reconoce una crisis financiera, en la que el valor de sus activos es muy superior al “valor” real de los bienes que, en teoría, dicen representar, lo que lleva al diario a rememorar la gran depresión del 29 o inclusive escenarios peores.

– se anuncia que se acabó “la comida barata”, basándose no sólo en factores especulativos sino también en condicionantes estructurales de importancia: incremento de la población, crisis agrícolas, escasez de precipitaciones, cambios de dieta, uso para agrocarburantes, etc.

– se habla de agotamiento del petróleo fácil, de agotamiento de grandes yacimientos de petróleo y de la necesidad de perforar cada vez más lejos, más hondo, y con unos precios cada vez más caros.

Texto de las noticias de EL PAÍS:

 

EL PAÍS: ¿El apocalipsis del capitalismo?

 

Las teorías catastrofistas sobre la crisis financiera ganan adeptos RAMÓN MUÑOZ / CLAUDI PÉREZ 27/04/2008 Imagine un día en que los bancos no tuvieran liquidez, y, en vez de prestar dinero a sus clientes, fueran ellos -o, más exactamente, los contribuyentes- quienes les prestaran más de medio billón de euros. Imagine que grandes bancos de inversión de EE UU y Europa fueran rescatados de la quiebra por fondos de países en vías de desarrollo. Imagine que las viviendas perdieran una cuarta parte de su valor en dos años, y miles de familias no pudieran hacer frente a sus hipotecas, obligando a los Gobiernos a socorrer a los más apurados pagando la ampliación de los créditos hipotecarios. Imagine que los precios de los alimentos básicos se dispararan, se iniciara el racionamiento de arroz en EE UU y en Europa y el coste del petróleo se triplicara en cuatro años sin que apenas se detectaran revueltas sociales, ni la Bolsa, aunque a la baja, sufriera crash alguno. En realidad no hace falta tener mucha imaginación: todo eso ya ha sucedido.

La economía financiera se ha distanciado de la real más que nunca En el fondo, la crisis esconde un grave problema de incentivos perversos Las críticas arrecian contra el papel de los bancos centrales en las turbulencias Lo peor no es el cartel “se vende”, sino que ese cartel lo herede el banco La pregunta que ahora se hacen casi todos los expertos -con la única excepción, tal vez, de los que están a sueldo de los gobiernos- es si estamos ante una crisis más, dentro de los grandes ciclos económicos que alternan la bonanza con la depresión, o se trata de algo más.

¿Es el fin del capitalismo tal y como lo conocemos? Esa pregunta no es nueva. Ni mucho menos. Se ha utilizado en decenas de publicaciones para explicar fenómenos tan dispares como la incorporación de la mujer al mundo laboral, el imparable ascenso de China e India, o la globalización. Pero ha vuelto a ser acuñada para tratar de explicar en una sola frase las turbulencias que sacuden los mercados internacionales desde hace casi un año.

Bajo ese mismo título, el diario The Independent publicaba el pasado 28 de marzo un artículo que resume la teoría que podría denominarse apocalíptica. “El mundo occidental se encuentra en una crisis económica de una magnitud similar a la del petróleo de 1973. Asistimos nada menos que al desmoronamiento del liberalismo, el modelo ideológico y económico dominante en los últimos 30 años”, decía el rotativo.

Cuando los mercados son concebidos en términos de obtención de beneficios, no promueven -como dice la teoría clásica liberal- la eficiencia en los servicios, sino la concentración de la riqueza y la especulación. De esta forma, el valor económico real de los activos del planeta es ahora tres veces inferior a los instrumentos financieros (bonos, títulos, acciones, derivados, etcétera) emitidos tomando como referencia esos activos.

Incluso alguien que vive de la buena marcha del negocio financiero como el presidente del BBVA, Francisco González, alertó hace justo un año de esa inflación financiera y “del riesgo que supone el auge de los hedge funds y del capital riesgo”.

Y, mientras, los asalariados se han enfrentado a 35 años de rebaja de su parte de la tarta. La edad de oro del asalariado, como proporción del PIB, fue entre la II Guerra Mundial y la crisis del petróleo, y no esta edad de la liberalización, en la que sólo el 1% de la población en el Reino Unido (ojo, no de Congo) controla más de un tercio de toda la riqueza del país, según el diario británico.

Esa corriente de pensamiento (o de pesimismo, según se mire) no hace sino sumar adeptos a medida que las turbulencias se prolongan. La afirmación de que estamos ante la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1930 es compartida por gente nada sospechosa de extremista. El multimillonario Georges Soros, el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, el ex director del FMI Rodrigo Rato o el economista Paul Krugman han comparado la actual crisis financiera con los acontecimientos posteriores al crash bursátil de 1929.

A ese pesimismo le dan carta de naturaleza publicaciones que pasan por ser biblias del capitalismo, como The Economist, Fortune, Business Week o Financial Times. Hay expertos que piensan que esta crisis puede desembocar en un apocalipsis si las autoridades monetarias no dan con la solución adecuada. No son precisamente pancarteros antisistema, sino analistas reconocidos o altos cargos de bancos de inversión con sueldos estratosféricos. Entre los más renombrados: Kenneth Rogoff, profesor de la Universidad de Harvard y ex economista jefe del FMI; David Rosenberg, estratega jefe de Merrill Lynch; Henry Kaufman, jefe de Solomon Brothers entre 1970 y 1980 y dueño ahora de una firma de inversión; Bernard Connolly, analista de AIG y ex jefe de análisis de la Comisión Europea, y Stephen Roach, jefe de operaciones en Asia de Morgan Stanley.

Aunque desde posturas muy diferentes, todos critican la falta de reacción de las autoridades monetarias para prever las consecuencias de una economía crecientemente especulativa apoyada en el apalancamiento, es decir, en instrumentos financieros (bonos, opciones, acciones, futuros, derivados, etcétera) cuyo valor es muy superior al valor real de los activos en que se basan.

La “exuberancia irracional de los mercados”, una expresión de Greenspan que hizo fortuna, ha sido llevada al extremo en el caso de los bancos de inversión. Las cinco mayores firmas independientes -Goldman Sachs, Merrill Lynch, Morgan Stanley, Lehman y Bear Stearns- tenían un nivel de deuda en 2007 de 41 a 1, según cálculos de Fortune. En plata: por cada euro contante y sonante que captan se endeudan por 41.

Para entenderlo mejor, lo sucedido desde la última crisis de 2001 se parece al cuento de la lechera, la aldeana que, según caminaba hacia el mercado para vender su cántaro de leche, hacía planes sobre las ganancias crecientes que podía obtener y llegaba a la conclusión de que, trueque tras trueque, acabaría comprándose una granja. En un descuido, el cántaro cae y se rompe, y todos los sueños se van al garete. En la crisis financiera mundial, el cántaro son las hipotecas basura, y los planes de la lechera se llaman CDO, SIV y Conduits, los nombres imposibles de los paquetes de títulos basados en esas hipotecas -y en la firme creencia de que su valor crecería en el futuro-, que han contaminado a todo el sector financiero internacional cuando son un fenómeno genuinamente estadounidense.

Pero las hipotecas -denominadas subprime o directamente basura- habían sido otorgadas alegremente a gente de dudoso crédito que ahora no puede hacer frente a los pagos. Y el valor de los títulos, como los sueños de la aldeana, se ha venido abajo. No sólo el de las hipotecas subprime, sino el de todos los productos financieros relacionados con ellas. Ahora, los bancos no se fían de sí mismos porque aún no saben quién posee esos productos que sencillamente no pueden colocarse en el mercado: nadie sabe cómo valorar nada de lo relacionado con las subprime. El FMI ha hecho una estimación del agujero de las entidades financieras: un billón de dólares. Pero la banca apenas ha reconocido hasta ahora una cuarta parte de esas pérdidas.

Jan Loeys, de JPMorgan, cree que hablar de la peor crisis desde la Gran Depresión “es una exageración que refleja el calor del momento”, pero admite que sus efectos perdurarán en los mercados “al menos una década”.

Una de las causas apuntadas por Fortune para esa locura especulativa es la ambición de los ejecutivos de esas firmas de inversión, que de 2002 a 2006 triplicaron sus beneficios hasta los 30.000 millones de euros, y eran más rentables que la industria farmacéutica o la energética. A sus ejecutivos no les importaba el creciente riesgo que asumían las entidades, porque en ello les iba su sueldo. Las retribuciones de los empleados representaban el 60% de los ingresos de esas firmas, frente al 20% que suponen los salarios en la banca comercial.

“Uno de los agujeros por los que ha llegado la crisis es que no se ha controlado bien el riesgo, ha faltado juicio para tomar decisiones de inversión por un problema de incentivos perversos. Quienes contrataban las hipotecas basura en EE UU eran agentes que trabajaban a comisión, no les importaba si luego el cliente pagaba o no. Y los bancos se quitaban del balance esos créditos al venderlos en paquetes financieros. Al final nadie se interesaba por si el crédito era de buena o de mala calidad, porque todo se vendía. Pero eso va a cambiar”, asegura Guillermo de la Dehesa, presidente de Centre for Economic Policy Research, con sede en Londres.

Henry Kaufman, que llegó a ser conocido como Doctor Fatalidad (Dr. Doom) porque predijo el alza de las tasas de inflación y los tipos de interés en la década de los ochenta, ha señalado que la actual crisis no tiene nada que ver con las anteriores. Las de 1998 (que provocaron graves problemas en varios países asiáticos, con fuertes devaluaciones de sus monedas) y 2001 (tras el pinchazo de la burbuja puntocom) tuvieron su origen en mercados emergentes. En cambio, la actual nace -y hasta ahora se mantiene- en Occidente: EE UU y Europa.

Kaufman ha responsabilizado de “la peor calamidad global desde la II Guerra Mundial” a la Reserva Federal (Fed), el banco central norteamericano, por permitir esa expansión financiera sin base real y no poner coto a las prácticas especulativas. Para este economista, no es suficiente con inyectar dinero al sistema, sino que hay que controlarlo férreamente, con la creación de una autoridad supervisora que regule y vigile a la banca.

Rogoff también critica a la Fed por su decisión de combatir la recesión reduciendo los tipos de interés, porque, a su juicio, esa medida convertirá a EE UU en una máquina de inflación a escala mundial, agravando las tensiones procedentes del alza de las materias primas.

Pero el dramatismo de su análisis es aún mayor cuando pronostica que el rescate del sistema financiero no resistirá porque no hay suficiente dinero fresco. Por el contrario, estima que persistirá la contracción del crédito y el desplome del valor de los pisos, que desembocará en un “gigantesco rescate inmobiliario que costará a los contribuyentes estadounidenses un billón de dólares o más”. ¿Y quién se atreverá a comprar esa nueva deuda con los tipos de interés por los suelos y un dólar más devaluado que nunca?, se pregunta.

La respuesta: “El próximo año habrá un aumento masivo de las quiebras corporativas en EE UU, aun cuando muchas empresas llegaron a la recesión con balances sólidos. Las finanzas estatales y municipales están aún en peores condiciones. Ante la caída de ingresos, decenas de municipios en EE UU podrían quebrar”.

Stephen Roach también tiene su apodo. Le llaman el eterno bajista (perennial bear) por sus previsiones fatalistas. Considera que estamos viviendo las consecuencias de la segunda burbuja en siete años, tras la crisis que tuvo lugar entre 2000 y 2001 con el desplome de los valores tecnológicos, provocando un colapso financiero que representaba al 13% del producto interior bruto (PIB). Pero señala que la actual crisis es mucho más grave porque combina dos burbujas, la hipotecaria y la crediticia, que afectan simultáneamente a la construcción y al consumo, que representan el 78% del PIB de EE UU, un peso seis veces mayor que en la anterior crisis.

Roach estima que el recorte de los tipos en EE UU no bastará para ayudar a los consumidores que han visto caer el valor de sus propiedades y tienen difícil acceso al crédito. Y propone medidas fiscales de corte keynesiano que favorezcan las exportaciones e inversiones para renovar las anticuadas infraestructuras del país para salir de la recesión.

Apocalípticos o no, la inmensa mayoría de los expertos coincide en el hecho de que el sistema financiero no volverá a ser el de antes. Cuanto más profunda es una crisis, mayores cambios provoca. Pero hasta los neoliberales tienen claro que ya nada será igual. “No estoy seguro de que podamos ir tan lejos como para hablar del fin del capitalismo como lo conocemos. Pero es evidente que vamos hacia un mundo en el que la banca va a estar sujeta a una regulación mucho más restrictiva que la actual”, explica desde Washington Desmond Lachman, economista de cabecera de la American Enterprise Institute, un influyente think tank neoconservador. “El peligro es que la reacción ante la crisis crediticia provoque un exceso de regulación en el sistema financiero, como sucedió tras los escándalos de WorldCom y Enron”, añade, en una posición similar a la que ha adoptado recientemente el Instituto de Finanzas Internacionales, el gran lobby bancario.

El papel de los bancos centrales está siendo fundamental en la resolución de la crisis. Pero sus acciones son discutibles, hasta el punto de que muchos analistas los han puesto en el disparadero. Bernard Connolly, economista de la aseguradora AIG, podría llamarse también el analista antieuro, por su aversión a la moneda común europea, a la que responsabiliza de casi todos los males del Viejo Continente. Ahora vuelve a la carga, al punto de que ha señalado que si la Fed, aunque con medidas no siempre acertadas, trata de evitar la crisis financiera, la misión del Banco Central Europeo (BCE) parece ser la de provocarla. Su teoría tiene como base que la Unión Económica y Monetaria (UEM) se fundó sobre una economía y un marco alemán sobrevalorados, financiados por el resto de países y respaldados por el BCE mediante tipos de interés artificialmente bajos para la conveniencia del conjunto de la UEM.

Esa combinación generó un boom económico en muchos países que tenía como base el sobreendeudamiento de familias y empresas gracias a la sobreexposición crediticia de bancos e inversores, a menudo basado en la ilusoria seguridad de un inflado precio de la vivienda. Muchos de esos países acumularon enormes déficit y deberán restaurar ahora su competitividad. Pero, como están atrapados en la UEM, sólo pueden hacerlo mediante un ajuste del mercado laboral: desempleo y reducciones salariales. En cadena, esas altas tasas de paro y la caída de los precios y salarios harían que las deudas que han contraído familias y negocios fueran impagables; es decir, el caos. Sobre España, Connolly tiene peores augurios que las brujas de Macbeth: “España se dispone a afrontar la más calamitosa de todas las circunstancias: un ciclo de recesión, deflación y caída general de todo el sector privado”.

Es de esperar que Connolly y el resto de los apocalípticos yerren. Porque lo peor que le puede pasar al atribulado propietario en apuros no es colgar el cartel de “se vende” en el balcón de casa, sino que el cartel lo herede el banco que le concedió la hipoteca. Del destino de ese cartel depende, tal vez, el futuro de la economía, en España y en el resto del mundo.

Consecuencias

– Fuertes pérdidas y deterioro de la base de capital de numerosos bancos de Europa y EE UU.

– Subida de los tipos de interés interbancarios ante la escasez de liquidez y pese a las inyecciones de los bancos centrales.

– Contracción del crédito y préstamos más caros para empresas y particulares.

– Frenazo económico ante las restricciones monetarias.

– Debilitamiento del dólar frente al euro.

Causas

– La crisis financiera esconde en su interior en realidad tres crisis.

– La primera es de crédito, por la alta morosidad de las hipotecas subprime tras el fin del boom inmobiliario.

– La segunda crisis es la del apalancamiento (directo, de hedge funds o con titulizaciones), que amplifica la crisis.

– La tercera es una crisis de liquidez, por la dependencia de financiación a corto plazo para invertir en productos estructurados.

El País: Se acabó la comida barata

Los altos precios han llegado para quedarse y empujarán la inflación mundial CRISTINA DELGADO 27/04/2008

 

? Los expertos de la Organización de las Naciones Unidas lo llaman “la tormenta perfecta”. No hay una sola causa, y por tanto, no hay una solución sencilla. Los altos precios de los alimentos están ocasionados por una acumulación de factores que han llevado al arroz, el trigo o la soja a precios nunca vistos. Factores sociales, demográficos, políticos e incluso especulativos influyen en lo que ya se define como una crisis mundial de alimentos. Y no se trata de nubarrones pasajeros. La tormenta ha llegado para quedarse.

Han confluido muchas causas, como en una “tormenta perfecta”

Algunos analistas comparan estas alzas con las de la crisis de los setenta “Nosotros calculamos que el punto álgido pasará, pero los precios no van a volver a estar en el nivel de antes. Se mantendrán en una meseta bastante alta al menos 10 años”, explica José María Sumpsi, subdirector general de la FAO, agencia de alimentación de la ONU. Todos le apoyan: productores, organismos mundiales y ONG están de acuerdo en que las condiciones que han llevado al arroz a valer un 68% más en sólo cuatro meses no son pasajeras. Y estas subidas se verán reflejadas en las facturas del mundo entero.

La inflación, acostumbrada en los últimos años a ser impulsada por el precio del petróleo, ve ahora cómo los productos agrícolas también tiran de ella. El Fondo Monetario Internacional ya ha puesto las cartas sobre la mesa: augura subidas de precios en prácticamente todos los países. La media de la inflación de las 30 economías más avanzadas del planeta era en 2007 del 2,1%. Este año subirá hasta el 3%. En algunos países el alza será mucho más acusada: España sufrirá una subida de precios, según el FMI, de 1,2 puntos (hasta el 4%), Bélgica de 1,3 y Hong Kong de 1,6. Si vamos a las economías menos potentes, países como Bolivia verán crecer su inflación hasta el 15%, tras un avance este año cercano a los 6,3 puntos.

“La evolución [de los precios] en los últimos tiempos es verdaderamente impactante, casi igual a la gran conmoción de precios que se vivió en los setenta”, afirma Stephen King, economista y analista de HSBC. “La inflación del precio de los alimentos continuará elevándose al menos los próximos tres o cinco años, y esto si se empieza a suplir la demanda”, añaden los expertos de Credit Suisse. En España, Estados Unidos o Alemania, que el precio internacional del arroz suba un 70% se traducirá en inflación. En los países pobres, según previsiones de la ONU, significará el hambre para 100 millones de personas.

Entre los principales culpables de las alzas, algunos habituales de los últimos años: el aumento de población, las nuevas costumbres de países como China o India donde sube el consumo de carne o los biocombustibles. “La producción agrícola debería incrementarse un 3,3% al año para cubrir la demanda global anual”, sentencian los analistas de Credit Suisse. “Sin embargo, en los últimos 20 años sólo ha crecido la productividad un 1,3%”, matizan.

A los factores ya considerados como tradicionales, se unen sin embargo nuevos problemas. “Los mercados de materias primas antes despertaban un interés muy limitado. Ahora hay hasta un 80% de participación de fondos de inversión en bolsas como la del trigo”, explica Javier Alejandre, técnico de la asociación agraria UPA. Los otros grandes del sector, Asaja y Coag, coinciden en señalar que los mercados están hinchándose por la llegada de inversores de Wall Street escaldados con las hipotecas basura. “Se está creando una burbuja de especulación financiera en torno a los alimentos”, asegura Miguel López, secretario general de Coag.

La mayor parte de los acontecimientos que han llevado a la debacle de precios tienen una difícil solución. El aumento de población, la mayor renta en Asia o los desastres climatológicos no pueden controlarse. “Sin embargo, los biocombustibles son algo que está en manos de las autoridades”, matiza Carlos Tió, catedrático de economía agraria en la Escuela de Ingenieros de la Universidad Politécnica de Madrid. Asegura que el objetivo que la Unión Europea se ha empeñado en cumplir (que en 2020 el 10% del combustible usado sea biocarburante), además de implicar el uso de parte de las cosechas crea “unas expectativas de compra de cereal que hacen que las bolsas internacionales continúen subiendo. La Unión Europea crea la idea de que es una buena inversión”.

No es la única causa que según organizaciones humanitarias y agrarias se puede atajar. Ambos grupos piden que se creen mecanismos regulatorios que permitan controlar un mínimo el mercado. “Estamos viendo las consecuencias de las decisiones de rondas como la de la Organización Mundial de Comercio, que han apretado para que los países eliminen formas de regulación doméstica de precios”, razona José Antonio Hernández de Toro, portavoz de Intermón Oxfam para el sector agrícola. Mantiene que la lucha por el libre comercio ha llevado a muchos países a quedarse sin herramientas con las que controlar la subida, como reservas u organismos internos. Los agricultores piden incluso el regreso de los stocks. “Hemos pasado de las montañas de mantequilla a no tener ninguna reserva, que ahora podría sacarse al mercado para calmar los precios”, argumenta Jesús Ribera, técnico de Asaja. Carlos Tió no está de acuerdo. “Se ha demostrado que mantener stocks es ruinoso. Sería un despilfarro mantener reservas para momentos como éste”. Intermón Oxfam tampoco piensa que guardar trigo sea la mejor solución. “Sería mejor que las ayudas internacionales y las reservas fueran financieras, no en especies, para que, llegado el momento, se pudiera comprar en mercados cercanos y enfriar los precios”, explica Hernández. – Consecuencias

– El arroz, alimento básico para medio mundo, vale cerca del 70% más en el mercado de Chicago desde que comenzó el año.- La inflación aumenta. Los países con economías avanzadas verán crecer de media sus precios más del 1%, según el FMI estirados por el efecto exclusivo del petróleo y los alimentos.- Los altos precios se mantendrán, al menos entre cinco y diez años, porque las causas de las alzas no son coyunturales.- Los precios desestabilizarán la economía de al menos 30 países, según la ONU, que pueden vivir disturbios como los de Haití por la falta de alimentos básicos como el pan.

Causas

– La población mundial crece de media en 75 millones de personas al año.- El precio del petróleo se ha disparado y afecta al cultivo y transporte de alimentos.- Países como China o India (casi el 40% de la población mundial) han variado su dieta por el aumento de su renta. Producir más carne implica mucho grano y agua.- Los biocombustibles son responsables de entre el 5% y el 10% de las subidas, según la FAO.- Las bolsas de materias primas, con atractivas alzas, se hinchan con la llegada de inversión proveniente de Wall Street.

REPORTAJE: EMPRESAS & SECTORES

El País: Más lejos, más hondo, más caro

La tecnología impulsa la carrera para hallar un petróleo cada vez más escaso a kilómetros de profundidad en los mares Hasta el lunes 14 de abril, Haroldo Lima era poco conocido fuera de su país, Brasil, y de su función: director general de la Agencia Nacional de Petróleo de Brasil. Pero ese día, Haroldo Lima se dio a conocer a lo grande. De una forma que hubiera dejado boquiabierto al rey del pop art, Andy Warhol, el mismo que pronosticó un futuro en el que todo el mundo tendría 15 minutos de fama en su vida. El funcionario brasileño anunció en una reunión de especialistas el mayor descubrimiento petrolero de los últimos 30 años: un inmenso yacimiento -hasta 33.000 millones de barriles- frente a las costas de Río de Janeiro y São Paulo. A más de 100 dólares el barril -159 litros-, el funcionario daba cuenta de un tesoro valorado en más de 3,3 billones de dólares. En las Bolsas se bailó la samba.

El anuncio de Lima, matizado cautelosamente por las empresas propietarias del campo -Petrobras (45%), British Gas (30%) y Repsol YPF (25%)- y por el propio Gobierno de Lula da Silva, no extrañó a nadie. No lo hizo a pesar de que los proyectos exploratorios se asemejan mucho al juego del rasca y gana. Una probabilidad de éxito del 25% ya se considera elevada. Y cuando se acierta, extraer el premio (gas o petróleo) puede llevar hasta siete años de trabajos preparatorios.

Pero el mundo está deseoso de buenas noticias y sediento de petróleo. Y las grandes compañías petroleras, estatales y privadas, juegan en una olimpiada en la que el lema tradicional citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte) se ha cambiado un poco. Las compañías buscan petróleo más lejos y más hondo. Los datos de la Oficina de Información de Energía de EE UU apuntan a que en apenas cinco años, de 2005 a 2010, el volumen de petróleo extraído de aguas profundas se duplicará, hasta alcanzar unos 11 millones de barriles al día.

Más aún. La consultora Douglas-Westwood calcula que el capital invertido en aguas profundas llegará hasta los 25.000 millones de dólares al año para 2012, duplicándose en una década.

Apoyadas en la tecnología (barcos exploradores capaces de permanecer hasta tres meses fijos sobre un punto en el mar sin anclajes, superordenadores, robots de control remoto y satélites de comunicaciones), las grandes compañías petroleras se afanan por encontrar nuevas reservas de petróleo. Lo hacen en siete áreas principales: el golfo de México, Brasil, el golfo de Guinea, el mar del Norte, el Mediterráneo, el mar de China y Australia. Zonas con riqueza probada. Y exploran en otras de gran potencial como Alaska, las islas Malvinas y Vietnam.

Tan intensa es la actividad que falta personal y faltan plataformas para perforar en el mar. Es una carrera desatada en torno a una idea simple: la era de los yacimientos de hidrocarburos gigantescos, relativamente cerca de la superficie y con crudos de los denominados dulces (con poco azufre), se ha terminado.

Desde las instalaciones de Repsol YPF en Houston, el director de la compañía para América del Norte y Brasil, Ramón Hernán, puede ver a través de tres gigantescas pantallas lo que sucede en tiempo real en los pozos abiertos en el fondo del mar a más de 3.000 metros de profundidad. Hernán -un especialista que vivió directamente la tragedia del buque Prestige- comparte la idea de que cada cuenca petrolera, y cada tipo de hidrocarburo tiene su pico, un punto a partir del cual la producción cae vertiginosamente. “La producción está llegando a su pico”, cree Hernán, “pero se compensa con nuevos hidrocarburos”. Hallarlos depende, fundamentalmente, de dos cosas: el precio de la materia prima y las regulaciones de los países en los que se encuentran las reservas.

Es una carrera contra el tiempo. Desde hace al menos dos décadas los nuevos descubrimientos no cubren el petróleo que se consume (85 millones de barriles al día de consumo, frente a unas reservas estimadas de 1,293 billones de barriles). Los cuatro mayores campos petroleros del mundo -Ghawar (Arabia Saudí), Cantarell (México), Burgan (Kuwait) y Daquing (China)- representan más del 50% de la producción de sus respectivos países y el 14% de la producción mundial. El problema es que Cantarell (descubierto en 1971 por un pescador al que debe el nombre, Rudesindo Cantarell), Burgan y Daquing no producen lo que producían y en Ghawar se hacen milagros (en forma de inyecciones de agua salada) para mantener la producción.

De momento, el precio de la materia prima anima la búsqueda. Una tarea muy cara. El buque perforador contratado por Repsol YPF a la compañía StenaDrill por cuatro años ampliables a cinco le cuesta a la compañía un millón de dólares al día, incluido el mantenimiento. El buque, una maravilla tecnológica capaz de perforar a profundidades de 10 kilómetros, es una prueba de hasta dónde están dispuestas a llegar las empresas para descubrir el oro negro.

La carrera por perforar más lejos y más hondo ha convertido a las empresas prestadoras de servicios a las petroleras en piezas clave del proceso. Las plataformas capaces de perforar en aguas ultraprofundas no son muchas: un puñado de decenas repartidas por todo el mundo. Así que sus propietarios se están haciendo millonarios. Es el caso, por ejemplo, del noruego John Fredriksen (compañía Sea Drill), una de las primeras fortunas de su país, o del hombre más rico de América Latina, Carlos Slim, que también construye plataformas petroleras. –

 

 

 

 

Una respuesta to “El País anuncia la crisis financiera, alimentaria y energética”

  1. PRIMERA MEDIDA A LA PROFUNDA CRISIS,

    GARANTIZADOS 100.000 EUROS… ¿¿??

    Rafael del Barco Carreras

    8-10-08. Además se les ocurre otra genialidad, blanquear los 54.000 millones de euros en billetes de 500 amontonados en cajas fuertes, o a buen recaudo en los paraísos fiscales, depositados en las múltiples cuentas ajenas a toda inspección del Banco de España o Hacienda alguna, por tanto al propio balance “oficial” de la entidad, en sus acorazadas cajas de seguridad, o opacas inversiones en países más que opacos. Caso del BBVA, en que a cargo de esos fondos con total desvergüenza el presidente y consejeros se constituyeron multimillonarios fondos de pensiones, y la Justicia Española, aumentando las bases de la total impunidad, dictó otra descarada sentencia.

    Casi 10 BILLONES DE LAS ANTIGUAS PESETAS, a las que si sumamos billetes de 100 y 200 la liquidez del Sistema no solo mejoraría sino que permitiría regularizar el desfase del desaforado y corrupto sector financiero-inmobiliario. Y si añadimos los saldos por esos paraísos fiscales, sucedería como se decía de todos los países sudamericanos en quiebra, que su deuda externa cuadraba con los saldos de sus políticos y amigos en Suiza. En nuestro caso el saldo total en dinero negro cuadraría con la suma de los créditos impagados por las inmobiliarias, la parte basura de todas las hipotecas, la especulación en la burbuja y el 3 o 20% en negro del corrupto sector de la construcción, sin añadir el circulante en el floreciente mercado de la DROGA, y sus anexos el blanqueo y la prostitución, con incontables billetes de 10, 20 y 50, habituales en las dosis del menudeo y narcos de medio pelo. La ruina de un país equivale a la riqueza de sus dirigentes y financieros.

    Cada día las oímos de más gordas… que si comprar pisos y terrenos a las inmobiliarias en crisis, la mayoría ya en poder del Sistema Financiero por sus hipotecas basura… que si las inmobiliarias tomaron riesgos, que en realidad tomó el Sistema con conocimiento de la Central de Riesgos del Banco de España… que si la culpa de los americanos…que el Tesoro garantiza… ¿qué Tesoro? Porque aquí solo existen dos tesoros, el de los billetes impresos del BCE (papel inflación), y el de la gran Cueva de Alí Babá… los dos de duro o imposible obtención.

    Este globo sonda de dinero negro, además de una sandez porque nadie sacará sus “ahorros” de donde los tenga (los corruptos pudientes no se fían del Sistema del que forman parte), pone de manifiesto la peculiaridad de España, que supera a todos los países de su entorno en CORRUPCIÓN, y que nuestros políticos están tan acostumbrados a dirigirse a sus votantes, la “buena gente” que ni conoce el color de esos billetes, que creyéndose sus propias mentiras pretenden convencer a la “mala gente” que en gran parte son “ellos mismos”.

    La medida, máxime, blanqueará una parte de alguna mediana y pequeña fortuna, otorgando existencia legal más allá de pequeños negocios tapadera, la mayoría inviables y en quiebra, al igual que las “amnistías fiscales” del ministro Fernández Ordóñez a finales de los 70, o las emisiones opacas al fisco de los 80, o sea, blanquear lo suficiente para rellenar la declaración de la Renta y justificar su existencia ante una superficial inspección de Hacienda. El español “listillo” sabe que se enfrenta a las terribles mesnadas del Rey, y por lo tanto las cosechas o botines de guerra seguirán en las bien selladas cuevas.

    Digo yo que podrían emitir pagarés o bonos al portador, trasmisibles sin titular y registro, por lo tanto sin el control jurídico y fiscal a que está sujeto cualquier activo español. Los americanos los tienen, pero en el país más legalmente descontrolado de Occidente dictar medidas en que el Estado no pueda meter mano, es una herejía. Significaría la institucionalización y rentabilidad del dinero negro, otra herejía.

    Y si en España los políticos sueltan tonterías o “frases de cretinos”, los 100.000 €, en Europa, no menos. “El Estado garantizará todos los saldos en instituciones bancarias”. Buenos titulares, máxime si por el peculiar Sistema Financiero Español las Cajas son “públicas”, y si caen el BBVA y BSCH, se va al garete todo el Sistema, el Corralito Argentino, pues el resto de bancos inciden tan poco que no cuentan, y puede que en este momento aprovechen para darles la puntilla, así todo NACIONALIZADO, o en las buenas manos de quien decida el Mando… y las deseadas fusiones tan soñadas por Narcís Serra…

    Una medida los 100.000 € que en teoría frena el pánico, y si más allá de 3.000 € el banco tiene el derecho de entregar un “papelito”, cheque, a ingresar forzosamente en otra entidad del Sistema, se cierra el círculo, salvados del “Corralito Argentino”. ¿¿??.

    Total, que el BCE inyecte euros… a cargo de la inflación, y todos felices menos trabajadores y pensionistas. LOS VOTANTES.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: